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Cristian y Amado Vargas comenzaron a recolectar restos fósiles cuando eran niños y hoy conservan una colección con miles de piezas encontradas en Coto Brus. Entre los hallazgos hay restos de perezosos y armadillos gigantes, mastodontes, serpientes, felinos y otras especies prehistóricas.

Lo que comenzó como un pasatiempo durante las jornadas de pesca y exploración en una quebrada se convirtió en una colección de cerca de 10.000 fósiles. Los hermanos costarricenses Cristian y Amado Vargas llevan tres décadas recorriendo diferentes zonas de Coto Brus, en el sur de Costa Rica, para encontrar restos de animales que habitaron la región hace miles o millones de años.

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Una afición que comenzó en la infancia

Cristian y Amado Vargas descubrieron su interés por los fósiles cuando todavía eran niños. Durante sus visitas a una quebrada cercana, mientras pescaban y recorrían el lugar, comenzaron a encontrar piedras que llamaban su atención por sus formas y características.

Con los años comprendieron que aquellos objetos eran restos fosilizados de animales prehistóricos. La búsqueda se convirtió entonces en una actividad habitual que ambos mantuvieron durante su juventud.

Mientras sus amigos acudían a fiestas y actividades sociales, los hermanos preferían dedicar sus fines de semana a explorar quebradas y terrenos en Coto Brus en busca de nuevas piezas.

Una colección con especies de la megafauna

El trabajo de los hermanos ha permitido reunir aproximadamente 10.000 piezas fósiles, algunas de las cuales han sido estudiadas e identificadas con apoyo de especialistas.

Entre los restos se encuentran evidencias de perezosos gigantes, armadillos gigantes, camélidos, caballos, serpientes, capibaras, cocodrilos, felinos, mastodontes, rayas, tiburones y tortugas, además de otras especies.

Los materiales también han sido analizados con la colaboración de expertos de la Universidad de Costa Rica y paleontólogos de países como Alemania, Italia, Estados Unidos, Colombia y Panamá.

Hallazgos que aportan a la investigación

Uno de los descubrimientos más destacados corresponde a restos de una enorme boa constrictora que habría vivido durante el Mioceno superior. Las vértebras encontradas constituyen un registro singular para Centroamérica.

Los hermanos también tienen en estudio un fragmento de mandíbula que podría pertenecer a un animal carnívoro, posiblemente un felino, cuya presencia no había sido registrada previamente en Costa Rica. Este hallazgo aún requiere confirmación científica.

Para Amado Vargas, el estudio de estos fósiles puede aportar información sobre las especies que habitaron la región y sobre los procesos que llevaron a la desaparición de parte de la megafauna.

Finca Mastodonte busca unir ciencia y turismo

Los hermanos Vargas crearon en Coto Brus el emprendimiento turístico Finca Mastodonte, donde exhiben parte de las piezas encontradas y explican a los visitantes su importancia paleontológica.

El proyecto también contempla recorridos por zonas donde los turistas pueden participar en actividades relacionadas con la búsqueda de fósiles, siempre dentro de las posibilidades y condiciones establecidas para estas visitas.

La iniciativa forma parte de un proyecto más amplio: construir un museo en la propiedad que permita conservar y divulgar la colección y acercar la paleontología a la comunidad y a los visitantes.

Una pasión que continúa

Cristian y Amado consideran que la exploración de fósiles se convirtió en una actividad para toda la vida. Después de tres décadas de búsqueda, mantienen el interés por encontrar nuevas piezas que puedan contribuir al conocimiento sobre la fauna que habitó Costa Rica en épocas prehistóricas.

Su colección también se ha convertido en una herramienta para acercar a residentes y turistas a la historia natural de la región y promover el interés por la paleontología y la conservación.