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Nunca más

sábado, 11 julio 2026

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El asesinato de Andrés Escobar debió ser la lección definitiva; las amenazas contra Campaz prueban que sigue pendiente.

El pasado martes 7 de julio Jaminton Campaz, atacante de 26 años, falló en el minuto 114 de la prórroga el balón que pudo significar la clasificación de Colombia a los cuartos de final de la Copa Mundial de la Fifa 2026, y desde entonces es blanco de intimidaciones que lo obligaron a permanecer fuera del país para proteger su vida y la de su familia. La Federación Colombiana de Fútbol pidió este viernes 10 de julio a la Fiscalía General de la Nación que investigue con celeridad esos hechos y que identifique, judicialice y sancione a los responsables. La solicitud merece el respaldo unánime de la sociedad colombiana.

El partido contra Suiza, disputado en el estadio BC Place de Vancouver, terminó 0-0 en el tiempo reglamentario y se definió por penaltis, donde la selección cayó 4-3. La frustración de millones de hinchas resulta comprensible; su degeneración en odio, no. Campaz, autor del tercer gol en la victoria 3-1 sobre Uzbekistán en el debut mundialista, pasó en pocos días de la celebración al escarnio. El mismo futbolista que dio alegrías al país se convirtió en objetivo de quienes confunden la pasión con la barbarie, envalentonados por el anonimato que ofrecen las redes sociales.

Colombia conoce el desenlace más atroz de esa confusión. El 2 de julio de 1994, diez días después de marcar un autogol frente a Estados Unidos en el Mundial de ese año, Andrés Escobar murió asesinado en Medellín a los 27 años. Aquella tragedia avergonzó al país ante el mundo y debió bastar como lección definitiva. Treinta y dos años después, las amenazas contra Campaz demuestran que la lección sigue pendiente y que la violencia verbal, si nadie la detiene, prepara el terreno de la violencia física.

El jugador respondió con la dignidad que sus agresores no tienen. Lamentó no dar la alegría que todos esperaban y aseguró que la entrega, el compromiso y el amor por la camiseta nunca faltaron. Esa declaración retrata a un profesional que asumió el honor de representar a la nación; las amenazas retratan a una minoría idiota que degrada el sentido mismo del deporte.

Corresponde ahora pasar de la indignación a la acción. La Fiscalía debe investigar con la prontitud solicitada y sancionar de manera ejemplar, porque la impunidad multiplica a los agresores. Los clubes, los medios y las plataformas digitales deben denunciar y contener los discursos de odio. Y los hinchas, que son la inmensa mayoría decente del fútbol colombiano, deben rodear a Campaz y a toda la delegación.

Que su nombre quede asociado a un regreso triunfal a las canchas y no a un nuevo capítulo de vergüenza nacional. El fútbol nació para unir; devolverle ese propósito es tarea de todos.


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