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Su casa de la vereda La Morelia, en Filandia, quedó averiada; denuncia que hace 11 meses no recibe los medicamentos para su cáncer

La zona rural del Quindío resultó seriamente perjudicada por el terremoto del pasado 10 de agosto. El balance oficial de afectaciones en ese sector aún no se confirma, porque las labores de censo continúan.

En términos generales, muchos productores agropecuarios —y familias que apenas se sostienen con lo que siembran— perdieron cubiertas, muros y estructuras completas, algunas de ellas al punto de requerir demolición.

Esas familias siguen a la espera de un apoyo de fondo por parte de las autoridades: la entrega de mercados o de kits de aseo y cocina no alcanza para cubrir sus necesidades.

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A los efectos del fenómeno natural deben sumar, además, otras dificultades en materia de salud. Lo ocurrido hace casi tres semanas les cambió el día a día, y la lucha se les hace cada vez más difícil.

Es el caso de Luz Danery Osorio Osorio, residente en la vereda La Morelia, en el municipio de Filandia, quien padece cáncer de seno y pide que no la abandonen y que le ayuden a recuperar su casa.

Sin atención y sin vivienda segura

Luz Danery afirma que su enfermedad no ha recibido de la EPS la atención que requiere.

Asegura que desde hace 11 meses no le entregan los medicamentos que necesita. Entre ellos, unos parches especiales que debe ponerse en el brazo: una caja con cinco de ellos cuesta cerca de $1.200.000 y la última vez los tuvieron que pedir desde Bogotá. A eso se suman suplementos, proteínas y otros productos para mitigar los efectos de la enfermedad. El costo total ronda los $9 millones.

Con el paso de los días, su salud se deterioró. Perdió prácticamente la movilidad del brazo izquierdo, el agotamiento es más constante y ya no puede con sus quehaceres como antes.

“Para obtener algo de dinero para las medicinas vendía comida y se realizaban rifas, pero ahora, en mi condición, es imposible. Aunque he recibido apoyo de médicos que me trasladaron a Pereira, de la Fundación Lazo Rosa”, dijo Luz Danery.

Agregó: “Es frustrante hacer filas de casi tres horas para que al final le digan que no hay la medicina. Hace dos meses me debieron operar, me toca cargar con un neuroestimulador porque, literalmente, me estaba muriendo de los dolores: no me sirve ni la morfina. Estoy en condición de discapacidad, todo se me cae de las manos. Ya estoy a la espera, a ver si este lunes —31 de agosto— me revisa el oncólogo, tras casi cinco meses buscando esa cita”, manifestó a La Crónica.

El problema no se reduce al gasto en medicinas. Por su condición, debe ser atendida en Armenia, porque en Filandia no hay capacidad para tratar su dolencia.

Solo el desplazamiento a Armenia —para recoger la medicina o buscar una cita, ya que la línea telefónica no funciona— puede costarle más de $100.000. Primero debe conseguir transporte desde su finca hasta el casco urbano de Filandia, donde a veces duerme para salir más temprano, y de allí a la capital quindiana. No puede viajar sola: necesita un acompañante.

“Qué me gano con que me vea el oncólogo ahora, si lo hace cinco meses después. Mire el tema de los parches: uno de ellos me dura solo tres días, pero con esta situación me tengo que poner uno que me dure cinco. Por supuesto que eso me perjudica, pero el dinero no me alcanza. Le digo al doctor que no me mande esos parches y él me contesta que los requiero para vivir y que debe pelear por ello. Pero mire la dificultad: es fácil decirlo cuando no sabe que no nos entregan las medicinas”.

El terremoto

Además de su salud, Luz Danery debe afrontar ahora otro obstáculo: su vivienda, la finca quedó seriamente afectada por el terremoto.

Cuando ocurrió el sismo, ella estaba dentro de la edificación con su tía. Casi no puede correr por su dolencia, pero su familiar la ayudó a ponerse a salvo.

La casa, heredada de sus padres y con más de 60 años de construida, sufrió daños en paredes, cubierta, divisiones y cielorrasos. Por eso, ella duerme afuera —junto a su esposo, una tía y un primo— en unas carpas que habilitó la administración municipal.

“La casa sufrió afectaciones de esquina a esquina. Alcancé a salir, nos ubicamos en una parte segura, pero empecé a ver cómo se caía el techo; este, gracias al apoyo de la familia y de la gente, se volvió a instalar. Al ingresar a la casa después, vi todo caído; algunas paredes se demolieron por seguridad”.

Agregó: “El terremoto me cambió bastante la vida. No estoy para trabajar, no puedo ayudar a mi esposo. Mis hijos son independientes, pero con el sismo se quedaron sin trabajo y uno de ellos perdió su vivienda; está esperando qué ayuda le pueden dar”.

No pide una mansión, sino una vivienda segura donde estar tranquila: “Esperamos, como muchos, que nos ayuden y no nos abandonen en este momento que vivimos. Duermo en una carpa que no es cómoda: hace calor en el día y en la tarde, y bastante frío en la madrugada. Esperamos que las personas de buen corazón no nos olviden”.

Para apoyar a doña Luz Danery puede comunicarse al 313 3895757.