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El progenitor, que nunca estuvo presente apareció cuando ella tenía 8 años solamente para violentarla. De ahí en adelante siguió una ola de abusos.

A los 8 años, Sara asegura que vivió el primer abuso sexual por parte de su padre. Durante años, dice, guardó recuerdos dolorosos de lo ocurrido y tuvo dificultades para relacionarse con otras personas. Cuando cumplió 15 años, relata, la situación tomó otra forma: su padre comenzó a pedirle fotografías y videos íntimos a cambio de dinero para cubrir algunas de sus necesidades.

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La joven, que hoy tiene 18 años, contó su historia en el podcast Vamos Pa’eso, en el que describió los hechos que atribuye a su padre y las consecuencias que han marcado su infancia y adolescencia. Su testimonio también plantea preguntas sobre la respuesta de su entorno familiar y el acompañamiento que ha recibido para denunciar lo ocurrido.

Si bien contó y algunas personas se enteraron en diferentes momentos, el silencio continuó. Aunque ya era adolescente no supo manejar la situación y normalizó el hecho. Solo hasta cuando sus hermanos se enteraron tuvo el valor de enfrentar su situación.

Demandado por pornografía infantil

Sara sitúa el primer episodio cuando tenía 8 años. Según su relato, salió con su padre con la intención de comprar algunos juguetes y terminó en la habitación de él, en la vivienda de sus abuelos.

Allí, asegura, su padre la desnudó y realizó actos sexuales. También relata que él justificó su comportamiento como una expresión normal de afecto entre un padre y una hija. Sara recuerda que sintió dolor y que, después, él le devolvió la ropa interior lavada.

La joven cuenta que ese mismo día le habló a su madre. Según su versión, cuando ella confrontó al hombre, él negó lo ocurrido y sostuvo que la niña estaba inventando la historia.

Sara afirma que, después de ese episodio, comenzó a alejarse de su padre. Sin embargo, los recuerdos no desaparecieron y, según explica, también afectaron su manera de relacionarse con familiares y otras personas.

La manipulación económica durante la adolescencia

Años después, cuando su madre se trasladó a Ecuador por una oportunidad laboral, Sara quedó viviendo con dos de sus hermanos. La familia atravesaba dificultades económicas y ella necesitaba dinero para sus gastos personales y escolares.

En ese contexto, su padre le ofreció enviarle dinero a cambio de fotografías íntimas. La joven tenía 15 años cuando, de acuerdo con su testimonio, accedió a enviarle las primeras imágenes.

Después llegaron las solicitudes de videos y videollamadas. Sara afirma que las peticiones se prolongaron durante aproximadamente un año y que el hombre condicionaba la ayuda económica a que ella cumpliera sus exigencias.

La joven también relata que los contactos incluyeron nuevos episodios de tocamientos y actos sexuales. Según su versión, el señalado utilizaba la compra de ropa y otros artículos para presionarla, y en ocasiones recurría a excusas para acercarse físicamente a ella.

Sara explica que durante mucho tiempo interpretó esas conductas como algo normal, debido a los mensajes que había recibido desde niña. Esa percepción, hizo más difícil reconocer lo que estaba ocurriendo y hablar de ello.

La búsqueda de justicia y sus consecuencias

Sara también relató que la experiencia le ha causado un profundo sufrimiento emocional. Hablar de lo ocurrido le resulta difícil, incluso con personas cercanas, y reconoce que necesita acompañamiento psicológico para afrontar sus consecuencias.

Su testimonio busca que otras personas identifiquen situaciones de violencia y se atrevan a pedir ayuda. Para Sara, contar lo ocurrido representa un paso en su búsqueda de justicia y en el proceso de afrontar una experiencia que, según relata, comenzó durante su infancia.

La joven insiste en que las víctimas no deben cargar con la responsabilidad por los actos que otros cometen contra ellas. Su historia, pone sobre la mesa la necesidad de escuchar sus relatos, proteger su identidad y garantizar que las denuncias sean atendidas con diligencia.