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A través de once piezas conectadas, el productor quindiano construye un viaje inmersivo que privilegia el
gesto humano y la interpretación en vivo sobre la rigidez de las máquinas.

El artista quindiano Julio Victoria vuelve a situarse en el centro de la exploración sonora con Punto Cero,
su más reciente trabajo discográfico en formato Live Band, una propuesta que trasciende el álbum
convencional para convertirse en una experiencia inmersiva, orgánica y en constante transformación.

Lejos de las estructuras tradicionales de la música electrónica y con la particularidad de Julio Victoria,
Punto Cero se construye como un recorrido de once piezas que no funcionan como canciones aisladas,
sino como corrientes rítmicas breves, intensas y profundamente conectadas entre sí. En este trabajo,
Victoria plantea un retorno al origen, una reconexión con el punto inicial de su búsqueda artística, pero
observado desde la madurez de un sonido consolidado.

El álbum reside en la tensión entre lo analógico y lo sintético. A través del diálogo entre sintetizadores y la
instrumentación en vivo, especialmente la batería y el bajo, Victoria logra una electrónica “tocada”,
donde el error, la fricción y la imperfección adquieren protagonismo.

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La repetición no es mecánica, sino orgánica. Cada golpe, cada variación mínima, permite que la
estructura respire y que el oyente se sumerja en una experiencia sensorial más cercana a un ritual que a
un producto musical.

Este enfoque responde también a una postura crítica frente a la producción contemporánea dominada
por máquinas. Punto Cero propone volver al gesto humano, a la interpretación en tiempo real, a la
música como proceso y no únicamente como resultado.

El álbum recoge la experiencia de Victoria en escenarios de América, Europa y Asia, donde su formato
Live Band ha transitado por festivales y espacios tan diversos como clubs, teatros y grandes tarimas.
Esa versatilidad se traduce en un cuerpo musical coherente, capaz de adaptarse a distintos contextos
sin perder su identidad.

Más que buscar el clímax inmediato, Punto Cero apuesta por la inmersión. Funciona como un set en vivo
fragmentado, donde la energía se sostiene en el movimiento constante y en la presencia. Es una obra
que invita a escuchar desde el cuerpo, a habitar el sonido.

El propio artista ha señalado que su conexión con lo instrumental se remonta a experiencias personales,
como aquellos recorridos en bicicleta en Alemania escuchando música, momentos que, sin saberlo
entonces, marcarían el camino de su identidad sonora.

Punto Cero no busca ser un disco de impacto inmediato. Es, más bien, una obra que exige tiempo,
atención y disposición. En un panorama musical donde prima la inmediatez, Julio Victoria propone una
pausa: volver al origen, al proceso, al cuerpo.

Con este lanzamiento, el artista quindiano no solo reafirma su lugar en la escena electrónica
internacional, sino que también abre una conversación sobre las posibilidades de la música en vivo
dentro de un género históricamente ligado a la programación digital.

Punto Cero es, en esencia, una invitación a escuchar de otra manera. A empezar de nuevo.