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Fue concejal en el año 2002, artesano y veedor que impulsó y veló siempre por el desarrollo y la identidad del “Municipio Libre”.

La noticia del fallecimiento de Óscar Hernán Mejía Marsal ha sumido al municipio de Circasia en un estado de profunda consternación y luto. Reconocido por su polifacética labor como artesano, diseñador gráfico, exconcejal y veedor ciudadano, su partida deja un vacío difícil de llenar en el tejido social y cultural del departamento del Quindío. El hallazgo de su cuerpo sin vida se produjo en las últimas horas al interior de su propia residencia, un suceso que ha impactado especialmente a la comunidad debido a la cercanía de una fecha significativa: el pasado sábado, Mejía Marsal había celebrado su cumpleaños número 71.

Las circunstancias que rodearon su muerte aún no han sido esclarecidas y permanecen bajo una rigurosa investigación por parte de las autoridades competentes. Al lugar de los hechos acudieron de inmediato unidades de la Policía Nacional, quienes procedieron a acordonar la zona para preservar la escena. Posteriormente, funcionarios de criminalística de la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, llevaron a cabo la inspección técnica del cadáver. El cuerpo fue trasladado a la morgue en el municipio de Salento, donde los expertos forenses realizarán la necropsia médico-legal para establecer con exactitud las causas del deceso. Mientras la justicia avanza en sus indagaciones, el Quindío comienza a procesar la pérdida de un hombre que hizo del arte y la vigilancia pública su razón de ser.

Una vida dedicada al servicio

Aunque Óscar Hernán Mejía era oriundo de Bogotá, su historia de vida está indisolublemente ligada al Quindío, región a la que llegó hace aproximadamente 30 años. Al arribar al denominado “Municipio Libre”, no solo encontró un lugar para residir, sino un hogar que adoptó como propio y por el cual trabajó incansablemente durante tres décadas. Su formación como diseñador gráfico en la capital del país le proporcionó las herramientas estéticas y conceptuales que más tarde aplicaría tanto en su taller de artesanía como en su visión del desarrollo urbano y cultural.

Mejía Marsal fue un ciudadano que entendió que la democracia no es un concepto estático que se declama en los discursos, sino una práctica que debe ejercerse con acciones diarias. Esta filosofía lo llevó a incursionar en la política formal, logrando una curul como concejal de Circasia en el año 2002. Su paso por la corporación municipal no fue testimonial; desde allí, impulsó proyectos de gran calado para la economía local, destacándose la creación del Centro Artesanal y Gastronómico del municipio, una iniciativa diseñada para potenciar los saberes tradicionales y ofrecer una vitrina a los creadores locales.

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Sin embargo, su compromiso con lo público no terminó cuando finalizó su periodo en el concejo. Al contrario, Mejía se transformó en un “inquieto ciudadano” que, ya desde la sociedad civil, asumió un rol fundamental como veedor. Se definía a sí mismo, de manera irónica, como un “mal político”, basando esta afirmación en el hecho de que no robaba, no mentía y, sobre todo, no negociaba sus principios por intereses personales o partidistas. Para él, la política era una herramienta de transformación que debía ser vigilada constantemente por los ojos de la comunidad.

Guardián de los recursos públicos

La labor de Óscar Hernán como veedor ciudadano es, quizás, uno de sus legados más tangibles en términos de infraestructura y transparencia para Circasia. Su voz fue una constante en el seguimiento de obras críticas para el desarrollo del municipio, asegurando que los recursos públicos se tradujeran en beneficios reales para los habitantes y no se perdieran en los laberintos de la corrupción. Entre las obras en las que ejerció una vigilancia más férrea y de las cuales se sentía profundamente orgulloso, destacan cuatro proyectos principales:

1. El Hospital San Vicente: Un centro vital para la salud de los circasianos donde su vigilancia garantizó que la obra cumpliera con los estándares necesarios.
2. El Centro Artesanal y Gastronómico: Aquel proyecto que él mismo impulsó como concejal y que luego supervisó como ciudadano para asegurar su correcto funcionamiento y
transparencia.
3. La vía Circasia – Montenegro: Una arteria vial clave para la conectividad y el turismo de la región, cuyo proceso de construcción y mantenimiento estuvo bajo su constante escrutinio.
4. Acciones solidarias durante la pandemia: En los momentos más críticos de la crisis sanitaria,
Mejía no se quedó al margen y vigiló que los procesos de ayuda llegaran efectivamente a quienes más lo necesitaban.

Para Mejía Marsal, ver estas obras terminadas y bien ejecutadas le otorgaba una profunda tranquilidad, pues consideraba que su papel de vigilar y exigir era esencial para que la democracia funcionara. Su labor promovía la transparencia y la defensa de los recursos públicos como un deber sagrado del ciudadano.

El arte de la taracea

Más allá de su perfil como servidor público y vigilante de lo social, Óscar Hernán Mejía fue un artista excepcional que encontró en la madera el lienzo perfecto para expresar su visión del mundo. Su especialidad era la taracea, una técnica milenaria de origen árabe que consiste en realizar incrustaciones de maderas y otros materiales preciosos para crear diseños de alta complejidad. Lo que hizo de su trabajo algo único fue la capacidad de adaptar este arte extranjero a la iconografía precolombina, especialmente a los diseños de la cultura Quimbaya.

Para Mejía, la artesanía no era simplemente la creación de objetos decorativos; era una forma de resistencia cultural. Criticaba con dureza la comercialización de “chécheres” y objetos sin alma que a menudo se venden como recuerdos locales pero que carecen de raíz. Él defendía la artesanía hecha a mano, con diseño riguroso y una conexión profunda con la historia del territorio. A través de la taracea, buscaba demostrar que la historia prehispánica de Colombia podía ser sofisticada, bella y digna de los más altos estándares artísticos.

En su taller, Mejía tenía la habilidad de convertir lo que otros descartaban en objetos cargados de significado, en un proceso que él veía como un diálogo permanente entre el hacer y el servir.
Su obra se convirtió en un referente de la identidad cultural del Quindío, un testimonio silencioso pero poderoso de que la memoria de un pueblo también se construye a través de sus manos.

“Orgullo Circasiano”

Uno de los temas que más preocupaba a Óscar Hernán era lo que él percibía como una falta de trabajo sobre la identidad local en Circasia. En sus propias palabras, la identidad no es algo que se importa o se compra, sino algo que se construye día a día con honestidad, memoria y amor por el territorio. Lamentaba la pérdida de tradiciones como la cestería o ciertos saberes gastronómicos debido a la falta de un relevo generacional y de un esfuerzo institucional por preservar la memoria colectiva.

A pesar de su carácter crítico, su entrega al municipio no pasó desapercibida. Mejía recibió la medalla Orgullo Circasiano, un galardón otorgado por el Consejo de Desarrollo Comunitario y Social. Para él, este reconocimiento tenía un valor especial porque no provenía de una élite política, sino de un espacio de pensamiento comunitario a largo plazo. Siempre humilde, aseguraba que no era un premio personal, sino un reconocimiento al trabajo colectivo y a la valiente decisión de “no quedarse callado” ante las injusticias o la desidia.

Un legado de coherencia y compromiso

La partida de Óscar Hernán Mejía Marsal deja a Circasia de luto, despidiendo a un hombre cuyo nombre quedó ligado a las obras más importantes y a los debates más necesarios del municipio. Su vida fue un balance constante entre la política, la gestión cultural y la veeduría, demostrando que se puede ser un ciudadano activo desde múltiples frentes.

Su mensaje final para los habitantes del Quindío fue siempre una invitación a la apropiación de lo propio. Creía firmemente que Circasia todavía tiene mucho que decir y que su futuro depende de la capacidad de su gente para valorar su riqueza cultural y proteger sus recursos con integridad. Hoy, la comunidad circasiana recuerda a aquel bogotano de nacimiento y quindiano de corazón que, con la misma precisión con la que incrustaba la madera, supo incrustar en la conciencia de su pueblo la importancia de la identidad y la transparencia. Su silla en los espacios comunitarios está vacía, pero su ejemplo como veedor y su arte como artesano perdurarán como parte esencial de la historia del Quindío.