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Reconstruir el Eje Cafetero es una tarea de país

Maria Irma Noreña

sábado, 29 agosto 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Después del terremoto, Juan Pablo Sánchez Espinel hizo algo que retrata la fuerza de nuestra gente. Tiene 13 años, vive en Pereira y muchos lo conocen como el “Topito Colombiano”.

Primero comprobó que su familia estuviera bien; luego ayudó a su abuela y a un comerciante. Después llegó hasta Providencia y, acompañado por adultos, se puso casco, guantes y tapabocas para apoyar la remoción de escombros.

“Ningún colombiano puede dejar solo a su país”, dijo.

Su historia ocurrió en Pereira, pero su mensaje atraviesa fronteras. También habla del Quindío, Risaralda, Caldas, Chocó, el norte del Valle y de todas las regiones colombianas que saben unirse cuando la vida las pone a prueba.

El terremoto dejó heridas distintas en cada territorio: familias que perdieron sus viviendas, comerciantes que no han podido reabrir, campesinos con afectaciones en sus predios y trabajadores que hoy temen por sus ingresos. Por eso, la respuesta no puede ser aislada, temporal ni limitada a un solo municipio. La reconstrucción del Eje Cafetero y las regiones afectadas debe convertirse en una tarea nacional.

Reconstruir no es solamente levantar paredes. Es lograr viviendas más seguras, recuperar colegios, vías, hospitales y servicios públicos; apoyar a los emprendedores, proteger el empleo, recuperar la producción del campo y preparar mejor a nuestras comunidades con tecnología, prevención y alertas tempranas. Una región no se levanta completamente mientras sus familias no recuperen también sus ingresos y su tranquilidad.

Como senadora del Eje Cafetero, he llevado esta necesidad ante el Gobierno Nacional y la Cancillería, porque la región requiere recursos, cooperación internacional y un plan compartido que convierta la solidaridad en soluciones concretas. Ningún departamento debería enfrentar solo una emergencia de esta magnitud.

El Quindío tiene un papel fundamental en esa recuperación. Su campo, su turismo, sus emprendimientos y su ubicación estratégica deben ser parte de una visión que consolide al Eje Cafetero como el corazón productivo de Colombia: una región más conectada, capaz de transformar sus productos, generar empleo y abrir nuevas oportunidades hacia el Pacífico y el mundo.

Juan Pablo sueña con ser bombero. En octubre viajará con su mamá a Bogotá para formarse con los Bomberitos. Haber contribuido a abrirle esa puerta me recuerda que reconstruir también significa cuidar los sueños de quienes vienen detrás.

Este niño nos enseñó que ningún colombiano puede dejar solo a su país. Hoy Colombia debe responder con la misma grandeza: no puede dejar solas a sus regiones.

El Eje Cafetero se levantará. Y cuando sus departamentos avanzan unidos, también avanza Colombia.