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El sismo derribó tejas y obligó a evacuar iglesias, dejando edificaciones tradicionales a la espera de dictámenes técnicos.

El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país el pasado 10 de agosto dejó en el Quindío una emergencia que va más allá de las viviendas destruidas y las estructuras averiadas. El balance entregado por la Dirección de Comunicaciones de la Gobernación registra 51.930 personas damnificadas, tres fallecidos, 315 lesionados y 49 desaparecidos, además de 1.849 viviendas destruidas y 10.978 averiadas entre los sectores urbano y rural.

A esto se suman afectaciones en hospitales, instituciones educativas, vías, puentes, centros religiosos, escenarios deportivos, plazas de mercado y edificaciones públicas. Este es el panorama de un departamento que, días después del movimiento telúrico, intenta dimensionar la magnitud de una emergencia que golpeó a sus habitantes, su infraestructura y economía.

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Entre ese inventario de daños existe un componente cuya pérdida no puede medirse únicamente en metros cuadrados, costos de reparación o número de edificaciones afectadas. El terremoto también golpeó parte de la arquitectura, las tradiciones y las formas de habitar que durante generaciones han construido la identidad del Quindío y que hacen parte del Paisaje Cultural Cafetero, inscrito por la Unesco en la Lista de Patrimonio Mundial desde 2011.

Casas de bahareque, cubiertas de teja de barro, edificaciones religiosas y fincas tradicionales quedaron marcadas por el terremoto y ahora esperan una valoración que determine qué tanto de ellas puede recuperarse. Mientras la prioridad inmediata sigue siendo garantizar la seguridad de las personas, comienza a aparecer otra preocupación y es cómo reparar los daños sin borrar las características que durante generaciones le dieron identidad y valor patrimonial al departamento.

En un paisaje donde arquitectura, cultura, actividad económica, turismo y vida rural están conectados, cada decisión de reparación o sustitución puede modificar aquello que se pretende conservar. En construcciones de bahareque, guadua y otros sistemas tradicionales, determinar si una estructura puede recuperarse exige una valoración técnica que permita establecer qué puede reforzarse y qué debe ser reemplazado.

El patrimonio aún espera un diagnóstico

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