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La apuesta es abrir espacio a voces, saberes y experiencias diversas para posibilitar preguntas y diálogos.

Hay días en que cuidar se parece a hacer equilibrio: atender a otras personas, limpiar la casa, cumplir con el trabajo, resolver lo urgente y, si queda un momento, intentar escucharse a sí misma. De esa experiencia —tan común como poco nombrada— nace Acróbatas del cuidado, un nuevo trabajo sonoro creado desde la Ludoteca Infantil y la UFM, radio de interés público educativa de la Universidad del Quindío.

La primera temporada, que inició el 5 de octubre de 2026, se acerca a las preguntas, los cansancios y las redes que atraviesan el cuidado. El nombre no es casual. Habla de las maromas que muchas personas hacen para sostener la vida cotidiana, pero también abre una pregunta: ¿por qué cuidar parece, tantas veces, una hazaña individual? Las conductoras del podcast, María Camila Hernández Toro y Alejandra Ovalle Peñuela proponen detenerse en esa pregunta y mirar el cuidado como una experiencia compartida, atravesada por los afectos, las desigualdades y las condiciones de la vida en comunidad.

“Pensar en los cuidados, en las cargas que sobrellevan ciertos cuerpos y en las brechas que se generan me interesa desde hace tiempo. Pero fue hace 14 meses, cuando nació mi hija, que pude dimensionar desde mi propio cuerpo lo que implica cuidar, sostener e intentar cuidarme a mí misma. Este tema me revuelve las entrañas”, cuenta Alejandra Ovalle, directora de la Ludoteca Infantil y una de las conductoras del podcast.

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La idea tomó forma después del terremoto del 10 de agosto de 2026. Las afectaciones que el sismo causó en la universidad impidieron que se realizara de manera presencial la programación que el equipo de la Ludoteca había preparado para iniciar el semestre. Por ello, decidieron llevar a otro formato las preguntas y reflexiones que habían pensado compartir en círculos de escucha, clubes de lectura y otras actividades.

“Queríamos abrir espacios de acompañamiento y diálogo para las infancias, las familias y las personas cuidadoras. El podcast nos permitió encontrar otra manera de hacerlo”, explica Ovalle.

Pero ¿qué entendemos por cuidado? La politóloga estadounidense Joan C. Tronto, referente de la ética del cuidado, lo define como aquello que hacemos para sostener, continuar y reparar nuestro mundo, de modo que podamos vivir en él lo mejor posible. Ese mundo incluye nuestros cuerpos, nuestras relaciones y el entorno que habitamos. Desde esta perspectiva, cuidar no se limita al afecto ni a la atención dentro del hogar: también es trabajo y responsabilidad colectiva. Por eso importa preguntarnos quién cuida, en qué condiciones y con qué apoyos.

Con una mirada sensible y crítica, perspectiva de género e interseccional, desde Acróbatas del cuidado buscan poner en palabras aquello que suele quedar en segundo plano. Nombrar el cansancio, reconocer los límites y hablar de las redes que también pueden ser una forma de cuidado.

La propuesta no se quedará en el audio: estará acompañada de actividades presenciales en espacios abiertos, apoyadas en contenidos y recursos complementarios en redes sociales. Por su parte, María Camila Hernández, profesional de la Ludoteca Infantil y conductora del podcast, comentó:

“Nuestro objetivo, más allá de generar un diálogo entre diferentes personas y compartir saberes; es crear y transmitir un espacio de seguridad y contingencia para las personas cuidadoras. Consideramos que ahora más que nunca debemos volver a lo comunitario, escuchar dónde nos duele y acompañarnos en esas cargas que a veces se ven tan solitarias”.

Una carga que no se reparte por igual

Las estadísticas ayudan a dimensionar lo que muchas veces se vive en silencio. En América Latina y el Caribe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, ha documentado que las mujeres realizan entre el 71 % y el 86 % del trabajo no remunerado que requieren los hogares, según el país. En los países con mediciones disponibles, el valor económico de ese trabajo ronda una quinta parte del PIB y más del 70 % de ese valor corresponde al aporte de las mujeres. Son estimaciones elaboradas con datos y metodologías nacionales, no un promedio uniforme de toda la región; aun así, muestran una desigualdad persistente en quién aporta el tiempo y el trabajo que sostienen la vida cotidiana.

En Colombia, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2020-2021 del Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia, DANE, registró que el 90,3 % de las mujeres participó en trabajo no remunerado, frente al 63 % de los hombres. Entre quienes realizan estas actividades, ellas dedican más de cuatro horas diarias adicionales. La brecha no solo se expresa en el tiempo: puede estrechar las posibilidades de estudiar, trabajar, descansar y participar en la vida pública.

El estudio del DANE: Tiempo de cuidados: las cifras de la desigualdad (2020) muestra intersecciones: entre las mujeres de 15 a 29 años que realizan cuidados, el 52,5 % no estudia ni trabaja, frente al 10,4 % de los hombres cuidadores de la misma edad. El dato no demuestra que cuidar sea la única causa, pero sí permite ver cómo las responsabilidades de cuidado se cruzan con las oportunidades educativas y laborales. El mismo estudio encuentra que el ingreso laboral de las mujeres cuidadoras es, en promedio, 11 % menor que el de las mujeres que no proveen cuidados.

También hay una dimensión económica que suele permanecer fuera de la conversación pública. Según la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado del DANE, en 2022 y 2023 el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado equivalió al 47,2 % de los puestos de trabajo de tiempo completo; las mujeres destinaron el 65 % de su tiempo total de trabajo a estas labores, frente al 23,5 % de los hombres. La valoración provisional para 2024 calculó ese aporte en $340,5 billones, equivalente al 19,9 % del PIB. Ese año se registraron 44.326 millones de horas de trabajo no remunerado y las mujeres realizaron el 75,9 %.

Asimismo, el informe Tiempo de cuidados añade otra dimensión: al combinar tiempo e ingresos, encontró pobreza de tiempo o de ingresos en el 61,6 % de las mujeres que brindan cuidados directos, frente al 44,2 % de las mujeres que no los brindan. La cifra no reduce el cuidado a su valor monetario. Ayuda a nombrar el costo desigual que puede tener asumirlo cuando faltan corresponsabilidad, servicios y redes de apoyo. Detrás de los porcentajes queda una pregunta concreta: quién dispone de tiempo, apoyo y recursos para cuidar, y quién puede descansar o elegir otro proyecto de vida.

La CEPAL, ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo han insistido en que el análisis debe incluir tanto el cuidado remunerado como el no remunerado, y avanzar hacia una organización social del cuidado con responsabilidades compartidas.

“Esa discusión aterriza las cifras en la realidad cotidiana: el cuidado no es solo cuestión de afecto. Cuando recae de forma desigual sobre los mismos cuerpos, compromete directamente su autonomía económica, su bienestar y sus oportunidades de desarrollo”, indicaron desde la Ludoteca Infantil.

En Colombia, el cuidado ha ido ganando lugar en las normas y en la agenda pública, aunque ese reconocimiento no significa que las responsabilidades ya se repartan de manera equitativa ni que los apoyos lleguen por igual a todos los territorios. La Ley 1413 de 2010 ordenó incluir la economía del cuidado en las cuentas nacionales y abrió camino a su medición estadística. Más recientemente, el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 incorporó el Sistema Nacional de Cuidado, y en febrero de 2025 el Consejo Nacional de Política Económica y Social aprobó la Política Nacional de Cuidado (CONPES 4143), con horizonte de acción hasta 2034.

Esta última, plantea transformar una organización del cuidado que el propio documento reconoce como inequitativa: busca avanzar en el derecho a recibir cuidado y a cuidar en condiciones dignas, y dar reconocimiento a las prácticas comunitarias, colectivas y propias de pueblos étnicos y comunidades campesinas. El paso decisivo será llevar esos principios a servicios, recursos y redes sostenidas, con participación de quienes cuidan y de quienes requieren apoyos.

Diez episodios para abrir conversación

La primera temporada de Acróbatas del cuidado estará compuesta por diez episodios. Sus conversaciones recorrerán distintas escenas del cuidado: acompañar emocionalmente a niñas y niños en momentos de crisis; construir comunidad y redes de apoyo; pensar las paternidades corresponsables; reconocer la sobrecarga y el cansancio; hablar del amor como una práctica ética; explorar la neurobiología del cansancio, la maternidad colectiva y la lactancia; y conversar sobre el cuidado durante el embarazo, el parto y el posparto, así como sobre las redes que sostienen a las comunidades LGBTIQ+.

No se trata de ofrecer una receta para cuidar mejor ni de idealizar a quienes cuidan. La apuesta es abrir espacio a voces, saberes y experiencias diversas —desde la psicología, la neuropsicología, el arte y el acompañamiento perinatal, entre otros campos— y dejar que surjan preguntas: ¿quién tiene tiempo para cuidar?, ¿quién acompaña a quien acompaña?, ¿qué pasa cuando el cansancio se vuelve parte de la rutina?, ¿cómo se construyen apoyos que no dependan únicamente de la voluntad individual?

Los episodios se emitirán cada lunes, a las 5 p. m., a través de la UFM, radio de interés público educativa de la Universidad del Quindío, y se podrán consultar, en su totalidad, en el micrositio de la emisora o en el canal de Acróbatas del cuidado en Spotify https://bit.ly/47zx1Lz. La invitación es escuchar sin buscar respuestas fáciles y preguntarnos, en compañía, cómo sostener la vida sin que el equilibrio dependa siempre de las mismas personas.

Qr del podcast