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Urge una respuesta integral desde la familia, la educación y las políticas públicas para proteger la vida y el bienestar de los niños y jóvenes.

En los últimos años las ciudades, como Armenia, ebullen con sus conflictos, con sus habitantes de calle, sus jóvenes y niños insertos en la drogadicción, sus fantasmas y sus conflictos, ante los cuales no podemos ser impávidos los ciudadanos. Pues cada uno de aquellos individuos también tiene su historia, la cual debería ser conocida para indagar las causas de su llegada a la condición de vulnerabilidad. Es una historia accidentada o enamorada, de gloria efímera o de fracaso,de frustraciones o de oportunidades que no se aprovecharon.

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En la mayoría de esos casos, con sus relatos, se dibuja un drama, cuyo origen se cimenta en el desarrollo familiar. Para muchos personajes, ante la huida o desplazamiento de sus escenarios de vida, es la calle su nueva esperanza. Pero, para otros, el camino se dirige al suicidio. Se sigue ignorando al mayor fragmento poblacional de esos seres, a quienes les invade la desesperanza, me refiero a los niños y jóvenes. Y también se ignora cómo afecta en ellos la disfuncionalidad en su nicho, la casa familiar. Lo que ocurre al interior del hogar crece como detonante, de la tragedia, también. Pero igualmente lo evadimos en la indagación de cómo el nicho está contaminado hasta el punto que tenemos que presenciar otro drama, la muerte temprana y el suicidio de niños.

La percepción anterior, señalada al final del párrafo desde el enfoque de la Ecología Humana, deja de ser una posibilidad cuando miramos lo que ocurre a nuestro alrededor y nos enteramos de la cruda realidad. El titular de la prensa y la nota editorial del periódico “La Crónica del Quindío” del pasado 22 de marzo de 2025 nos despertó a la   verdad de carácter ignominioso. La muerte temprana de un niño de 8 años.Se cegó su presente,el que   debería apuntar a la extensión de sus años ,en pos de un futuro que le espera. Pero la macabra marca se impuso, lo que dio como resultado el trágico final, que conocimos en el reporte periodístico:

“Tragedia en Armenia: la desgarradora muerte de Dilan,un niño de 8 años”(página judicial).

“En deuda”(página editorial).

La vida cotidiana se alimenta de las noticias crueles y de los fatídicos detalles de muerte autoinfligida. Y nosotros,los espectadores, también nos saciamos con su coctel de muerte.

Aleatoriamente escogí el historial de un mes noticioso. Y opté por el de octubre de 2011, un año que nos pudo llenar de esperanza a los quindianos, pero que nos ha dejado – como los demás y desde 1999 – solo incertidumbre.

En ese año de la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, creíamos ver cumplido un sueño, por cuenta de la exaltación de la región. Pero no fue así. La muerte elegida siguió su carrera, la que se exacerbó después del terremoto de enero de 1999, en otro año fatídico. Los titulares de octubre de ese año son la regla, no hay pausa, no hay contemplación, ni siquiera en los titulares de prensa para lo que acontecía en el Quindio:

“Coco se cansó de vivir” (11 de octubre, joven de 16 años). “El desamor lo llevó al suicidio” ( 12 de octubre,adulto de 31 años). “Terminó con su vida prematuramente” (24 de octubre,joven de 16 años). “Claudia se ahorcó en el baño” ( 25 de octubre, adulta de 44 años). “Adolescente se ahorcó” (28 de octubre, niña de 14 años”). “Se ahorcó en el patio de su casa” ( 31 de octubre, adulto mayor de 66 años).

La fuente de los patéticos registros fue un periódico que se leía con acidez pasmosa, por sus titulares singulares.El “Veapues” ya no circula en este 2025, pero otros medios lo remplazan en la difusión de la atormentada situación.

Y es que,año tras año,la sucesión de los reportes noticiosos sobre la lacra del suicidio solo nos deja impotencia. No para la publicación de esos titulares o la de los remedios a tal debacle. Días antes de la fecha de la muerte de Dilan,esto registró “La Crónica del Quindío”:

“”Adulta se quitó la vida en el municipio de Calarcá (viernes 14 de marzo).”Tres personas se quitaron la vida esta semana en el Quindío” ( sábado 15 de marzo).

Y, después de la noticia fatal, debía seguir la responsabilidad de la prensa, la de seguir informando. En el mismo periódico,ya sobre la crisis que ello conlleva:

Alerta en salud mental: 73 casos de ideación suicida atendidos en el Quindío en 2025″ (martes 25).

La dolorosa tragedia, a la que alude el diario escrito actual de los quindianos, nos movió la fibra sensitiva hasta lo más profundo. Dilan y muchos niños que han perecido no leían la prensa,jugaban como el que más, los comentarios de la inseguridad de sus calles, en en los barrio donde suceden los eventos dolorosos, no les generaban mayor impacto. Pero algo les dolía en su alma de niños.

¿La soledad, el matoneo en la escuela, la pobreza de su círculo familiar, la pérdida del sentido de la existencia?

Todo ello, en la posibilidad conceptual puede unirse. Pero el resultado fatal produce lo indecible, lo que no se acepta, lo que censura la sociedad. No obstante, como asevera Louis – Vincent Thomas en su libro “Antropología de la muerte” (Fondo de Cultura Económica, México, 1983), la temática de la actitud frente a la vida no es   una promoción de la existencia bajo todas sus formas ( biológica, sexual, espiritual), como sí ocurre en la población tradicional de África.

Y el mismo antropólogo francés, que se explayó en su extenso libro sobre el estudio comparativo de la muerte,llega a la aseveración más horrorosa:

La nuestra, llamada civilización occidental, muestra desprecio por la vida, es “una sociedad mortífera, que mata o hace morir”.

Dilan y muchos niños que ya se han ido tampoco supieron de ello, pero,tal vez, lo vivieron en carne propia.

Es lamentable analizar las cifras.Las citadas atrás ( las escogidas de manera aleatoria, las de 2011) nos permiten apreciar que la mitad corresponde a jóvenes y niños.Y si vamos más allá, en términos de la ocurrencia del aberrante suceso, vemos que en el Quindío es muy común cometer el acto suicida dentro de sus residencias. La forma que escogen, es el ahorcamiento. Curioso reporte, que nos recuerda el modo de morir de muchos reclusos, dentro de su celda. En Francia, el mismo tratadista nos señala que “el ahorcamiento es la muerte preferida del detenido, la imagen misma de la vergüenza, de la culpabilidad. En prisión circula el fantasma del ahorcamiento, abolición del sufrimiento de la vida y del yo, y es por esto que se ahorcan tantos detenidos”.

No quisiera pensar que los niños se sienten presos en su propio hogar. No por ser humildes, ni por las circunstancias de la vulnerabilidad de su entorno callejero. El mismo autor nos parece traer la respuesta, frente a la que se considera la muerte del infante, como “la muerte más cruel y más injusta”. Pero anota dicho etnógrafo francés que   es mucho más dramático el suicidio infantil:

Citando un estudio de Bender,se analiza tal comportamiento de la siguiente manera:

“El niño reacciona ante una situación insoportable, tratando de escapar. Lo más corriente es que estas situaciones intolerables consisten en falta de amor, o al menos el niño piensa que el efecto es insuficiente para responder a sus necesidades, que en algunos casos son especialmente acentuadas como consecuencia de una insuficiencia orgánica o de una carencia social. Esta falta ha provocado tendencias agresivas dirigidas en primer término contra los que le rehúsan amor. Bajo la influencia de sentimientos de culpa,el niño vuelve estas tendencias agresivas contra sí mismo. Las tendencias agresivas pueden acrecentarse por factores constitucionales, por una identificación con un padre agresivo o con otros miembros agresivos de la familia. La tentación del suicidio constituye también una represalia contra el contorno y un método para obtener mayor cantidad de amor. La muerte por suicidio representa también una reunión con el objeto de amor,en el amor y la paz. Entre los niños, los suicidios que siguen a decepciones en el afecto son igualmente tentativas de reconquistar el objeto de amor…” ( “Hostility and anxiety in children”, Lauretta Bender. En: Antropología de la muerte”, página 366).

La sociedad espera respuestas.Y es así como el registro noticioso más reciente ( miércoles 26 de marzo) así titula:”Quindío es el departamento con la tasa más alta de trastornos depresivos“. Y se anotan alternativas. El concejal Felipe Villamil propone “abordar el tema desde la familia, porque desde allí se deben plantear unas estrategias, cuál es el primer ciclo de primera auxilios en salud mental, es el hogar y en ocasiones el colegio”.

Es razonable. Pero, además, desde el hogar y   la escuela o el colegio, se debe plantar y cultivar, además, la semilla de la ternura y el amor. Solo así blindamos a nuestros niños y jóvenes.

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No quisiera pensar que los niños se sienten presos en su propio hogar.

Desde el hogar y la escuela o el colegio, se debe plantar y cultivar, además, la semilla de la ternura y el amor.