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Cómo llegar a Ciudad sobre letras

José Nodier Solórzano Castaño

jueves, 30 julio 2026

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Se puede entrar por La Miscelánea, de Segundo Henao, para saber cómo era Colombia a principios del siglo veinte. Luego, puede uno leer a Luis Vidales, y encontrarse de sopetón con la modernidad.

Igual, para entrar por Versalles, desde Bogotá, por el Pescador, de Armenia, o por Chagualá de Pereira, uno puede encontrarse con un libro de Rodolfo Jaramillo Ángel, Calarcá en Anécdotas, que nos narra el por qué en Calarcá existía una calle Fusa. Nos dice bien que somos una amalgama de culturas.

En la salida antigua a Cali, más abajo de la Avenida Colón, uno podría encontrar la respuesta a una tradición poética con Baudilio Montoya, que hizo sus versos desde la entraña de la tierra, con un tono romántico y social, que aún resuena en las esquinas y tiendas, a donde iba el poeta, como un bohemio y educador a la vez, a mostrarnos el camino de lo auténtico.

Mucha poesía ha corrido por las aguas del río Santo Domingo, y poca hecha desde los nuevos lenguajes literarios, y menos desde la vertiente húmeda de lo erótico.

En la obra de Jorge Julio Echeverry hay trazas de erotismo, escrito con elegancia. En la poesía de Elías Mejía, el erotismo es también parte de una expresión sugerente. Luego, en un poema de Umberto Senegal, Afrodisia, el verbo se vuelve un clavo caliente que rompe senderos en el hielo de una literatura que menciona poco el sexo, el erotismo y las puertas batientes del orgasmo explícito. Así fuimos, así somos, un poco pacatos y mucho de doble moralistas.

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Beatriz Eugenia Gallego, novelista, escribe poesía erótica, como también lo hace Claudia Viviana Cárdenas, que nos cuenta en el texto su regreso a Calarcá, y su entrada a la poesía en sus libros Insaciable, Almas gemelas, Mi eterna tentación, o Exánime, el llamado de la carne.

Ellas, dos mujeres de Ciudad sobre letras, con candor llameante, nos enseñan la ruta hacia el estremecimiento total del cuerpo.

Empecemos a leer a Claudia: “A mi me encanta tu amigo/lo extraño cuando rememoro/nuestros momentos vividos/.

Viviana Cárdenas, una nueva poeta en Ciudad sobre letras.

 

Mi poesía en Ciudad sobre letras

Viviana Cárdenas

A veces uno descubre lo que ama de un lugar cuando vive lejos de él.

La ausencia de las pequeñas cosas te enseña a valorar aquello que para muchos puede ser tan básico y cotidiano, aquello que puede ser un privilegio y pasa desapercibido. Esto fue lo  que me sucedió con Calarcá por mucho tiempo. Anhelaba ansiosa cada regreso. La emoción que se siente cuando el conductor dice «Llegamos». Esa indescriptible sensación al poner el primer pie en Versalles. El aroma a naturaleza, a pureza, es algo que quizás solamente alguien que respira a diario humo y contaminación puede notar. Aún recuerdo el día que escribí mi primer poema.

Tenía apenas siete años y este nació de la melancolía de extrañar mi tierra, a mi abuela y a mi familia, y de ese vacío que dejó mi abuelo dos años antes, cuando falleció. De tener que vivir en una nevera, una ciudad tan fría, aquella donde cada mañana al abrir la llave para bañarme, sentía que se me congelaba el cerebro con el chorro de agua. Se sentía tan horrible. Era como una pequeña muerte que me dejaba en pausa por unos segundos.

Jamás olvidaré el día que vi cómo se llevaban el cuerpo de mi abuelo. En medio de mi inocencia, pensé que volvería como siempre. Pero jamás regresó.

“Cuando nace un ser humano,
nace una estrella, su estrella;
ella lo guía, lo protege, lo consuela,
ilumina su camino.

Cuando el ser humano muere,
su estrella es inmensa;
el espíritu, como la misma alma,
se van y no regresan.”

Mi amor por las rimas surgió gracias a un libro de la colección “Joyas de la literatura colombiana”, Fábulas y verdades, de Rafael Pombo.

En algún momento mi mamá me contó que, cuando mi papá supo que ella estaba embarazada, comenzó a llevarle muchos libros, y éste estaba entre ellos. Desde los dos años me gustaba curiosearlos. Me frustraba tanto no saber qué decían sus páginas. Entonces tomaba uno, me acostaba boca arriba en la cama, cruzaba las piernas y, con el libro en las manos, empezaba a inventar historias, imaginando que eso era lo que decían sus páginas. Siempre he tenido la creencia de que un escritor, desde que nace, ya lleva las letras por sus venas. Después se forja desde la necesidad de escapar del mundo real y refugiarse en un mundo de fantasía, donde todo es posible. Quizás esa fue la forma en que nací yo.

Recuerdo que en el colegio el Proyecto Educativo Institucional estaba enfocado en la lectura y la creación de textos. Nos exigían consumir tantos libros que hasta le cogí pereza a leer. Pero fue de esa manera en que descubrí que tenía una gran facilidad para crear historias. Tanto así que gané un concurso de cuento que fue publicado en el periódico del colegio.

Siempre me encantó escribir poemas de amor mirando al cielo y las estrellas, aunque no estaba enamorada. Y aunque durante muchos años abandoné la escritura, en 2018 alguien trajo de regreso a la poeta y yo mejoré esa versión. Pues fue cuando inicié a escribir poesía erótica. La poesía erótica se ha convertido en el género donde más libre me siento para escribir. A pesar de las críticas que he recibido y de que, en muchas ocasiones, mi trabajo ha sido relegado o visto con prejuicios, he decidido continuar escribiendo.

De mis momentos más tristes y melancólicos surgen los versos más bellos.

De esos momentos en los que extraño tanto a alguien o siento que alguien me ha lastimado. Mientras reflexiono, las palabras comienzan a fluir tan fácilmente y, al mismo tiempo, llevan una melodía. Es mi manera de canalizar el dolor y la tristeza para convertirlos en arte. En cuanto a mis versos eróticos, nacen de esos instantes en los cuales anhelo o deseo tanto algo; de
cuando alguien me gusta y solo quiero conquistarle, o simplemente suelo imaginar escenas que alguien propone y dejo que la imaginación haga lo suyo. Mi intención es que muchas mujeres puedan identificarse con mis letras, que también puedan aprender de ellas y que el mundo  pueda comprender que escribir poesía erótica también es un arte, y que no existe razón para juzgarla con tantos prejuicios.

Cuando decidí regresar a Calarcá, en el año 2022, lo hice con la intención de reencontrarme con mis raíces y con esta hermosa tierra que ha sido cuna de escritores, que ha sido “cuna de poetas”. Sentía la necesidad de volver al lugar donde un milagro le dio luz a mis ojos y rodearme de personas que aman las letras tanto como yo.

Ciudad sobre Letras simboliza, para mí, el reencuentro con esas raíces. Un lugar donde todo es posible, donde se puede sanar, soñar y crecer. Y anhelo que allí sea el inicio donde la poesía erótica tenga un lugar especial.