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Historia / ABRIL 30 DE 2023 / 11 meses antes

La curiosa y fabulosa historia de 'Papá Darío', descendiente del fundador de Circasia

Autor : Roberto Restrepo Ramírez / Especial para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO

La curiosa y fabulosa historia de 'Papá Darío', descendiente del fundador de Circasia

Mausoleo de Darío Henao Vargas. A la izquierda, su estado en 2003; a la derecha, como se veía en 2012.

Darío Henao Vargas fue uno de los hijos de don Isidoro Henao. Falleció el 22 de marzo de 1923.

El pasado 22 de marzo de 2023 se cumplieron 100 años de la muerte de Darío Henao Vargas, uno de los hijos de don Isidoro Henao, fundador del municipio de Circasia. Para recordar su memoria y su trascendencia ciudadana he acudido también al rastreo semiótico de su tumba, en el cementerio Los Ángeles de dicho municipio. Los panteones familiares de este espacio de la muerte -así como los monumentos que se levantan en el Cementerio Libre- nos brindan datos importantes sobre las motivaciones ideológicas que llevaron a la constitución de los dos panteones y a la historia de esta población, situada al norte del departamento del Quindío.

“Isidoro Henao, el principal fundador de Circasia, contrajo nupcias con doña Mercedes Vargas, de esta unión nacieron trece hijos: Rosaura, casada con Jesús Ospina; Genoveva, casada con Ananías Rengifo, acompañó a don Segundo Henao en la fundación de Génova; Juan de Jesús, casado con Ana María Fernández Peláez; Eleazar, casado con Mercedes Salazar; Joaquín, casado con María Hoyos Valencia; Sara, casada con Octaviano Ríos; Darío, casado con Virginia Arbeláez, era hija de don Bernardino Arbeláez y doña Mercedes Hernández; Ana Feliz, casada con Rafael Alonso; Hermilda, Zoila y María Concepción, sin noticias; Belisario, casado con doña Emperatriz Cárdenas, hermana de doña Cleofe, la señora de don Joaquín Barco; y la casada con Manuel Cardona”.

En el anterior recorrido genealógico, que aparece en el libro ‘Diálogo con Simón Bolívar, el Libertador’ (Optigraf, Armenia, 2008), su autor, el circasiano Helio Fabio Henao Quintero, hace una completa mención sobre la descendencia del fundador de Circasia, mencionando además don Helio Fabio ser nieto de Juan de Jesús, uno de los hermanos de Darío Henao Vargas.

Prosigue así la mención del escritor Henao Quintero, sobre don Darío Henao Vargas, acotando además el calificativo cariñoso con el cual se le conoció en la población: 

…Don Darío era uno de los trece hijos de Isidoro, el dueño de los terrenos de “La Plancha”, donde se fundó Circasia. Por su altruismo le decían “Papá Darío”. En su casa, la del marco de la plaza principal, organizó la primera escuela”.

Sobre esta sobresaliente acción educativa de Papá Darío, su hijo Darío Henao Arbeláez aportó los siguientes datos, en entrevista concedida a otro escritor, Hilmer Giraldo Giraldo, y publicada en su libro titulado ‘Circasia corazón palpitante del Quindío’ (Editorial Quingráficas, Armenia, 1984):

“…Mí papá organizó un colegio privado en la casa que está ubicada en una esquina del marco de la plaza, allí pagaban los alumnos tres pesos mensuales...”

Y sobre su abuelo Isidoro, el entrevistado anotó lo siguiente: 

…El terreno que mi abuelo vendió se llamaba “La Plancha” y la casa era de una planta, de bahareque y con techo de tablas o astillas. Los límites en ese entonces eran de agua en agua, considerados como linderos naturales imborrables; era de la quebrada “La Cascada” o “Cajones” hasta “Las Yeguas”, cuatro cuadras arriba de la plaza y en dirección opuesta más o menos hasta “Tajamar”, donde está “La Pilastra”. Allí hay una placa alusiva a Antonio José Restrepo”. 

Es oportuno señalar que la casa referida -en el anterior párrafo de la entrevista- es la que hoy lleva el nombre de Casa Museo Cipriano Echeverri. Y que el caballero allí mencionado es el autor del “Himno de los Muertos”, otro de los propulsores de la creación del Cementerio Libre, junto con Braulio Botero. Más conocido como “Ñito” Restrepo, era el librepensador de Antioquia que envió, desde Ginebra (Suiza), esa composición poética de cinco estrofas en el mes de noviembre del año 1932. 

Otra escritora, la historiadora Piedad Gutiérrez Villa, en su libro titulado ‘Circasia en la historia, documentos y ensayos’ (Fondo Editorial de Autores Quindianos, Armenia, Departamento de Publicaciones Universidad del Quindío), así menciona a Darío Henao, en su obra que salió a circulación con motivo del centenario de su pueblo natal, en 1984. Transcribe allí lo escrito por Heliodoro Peña Piñeiro en su “Geografía e Historia de la Provincia del Quindío”, obra publicada en 1892: 

“Los primeros habitantes de Circasia vinieron de Salento, Filandia, Pereira y de pueblos del sur de Antioquia. Heliodoro Peña cita los siguientes como fundadores: José Epitacio, Juan de J. y Elisiio Marín; José María, Javier, Jesús María, Marcos, Gregorio y Alejandro Arias; Martín Duque; Policarpo y León Muñoz; Isidoro, Darío, Belisario, Jesús y José Ignacio Henao; Juan Cardona; Antonio Sánchez; Antonio María Hoyos; Modesto y Samuel Buitrago; Evaristo Zapata; José María Hincapié; Roque Marín; Abdón Vallejo; Diego Gálvez y Benedicto Cifuentes”. 

Gutiérrez Villa anota, en los párrafos siguientes, datos importantes sobre los hombres señalados por Peña Piñeiro. En el segundo fragmento alude al tronco familiar de don Isidoro Henao:

“…Ellos fueron quienes formaron la Junta Agraria y Pobladores, como miembros de las familias pioneras en la construcción del pueblo”. 

“…La presencia de tres grupos de hermanos de apellido Marín, Henao y Arias corrobora la hipótesis sobre la participación de familias enteras en la colonización del territorio en la fundación de municipios del Quindío”. 

Otras menciones alusivas a Papá Darío son citadas por los autores Henao Quintero y Giraldo Giraldo. El primero escribe en su libro:

“...La tradición oral dice: En tiempos de don Darío llevaban a la plaza mesas, bancos, taburetes y los colocaban en forma de herradura; entonces él y su esposa, doña Virginia Arbeláez, sentados a manteles con la gente del pueblo, disfrutaban de las exquisitas viandas, que previamente habían preparado en su finca “Tajamar”; además regalaban alpargatas, ruana, sombreros, y quina para curar el paludismo”. 

En referencia a otra entrevista, concedida al segundo autor, una dama de la población de Circasia, doña Clara Arias de Tejada, afirmó lo siguiente, comprobando así otra faceta de Papá Darío, la de promotor de obras de teatro:

“...En la casa de don Darío presentaban comedias y el padre Pinzón era quien nos ensayaba...”

Hasta aquí la historia terrenal de don Darío Henao Vargas. Pues, con la existencia de su tumba, que es un impresionante mausoleo que alberga sus restos mortales y los de su esposa, se forja la otra versión, la que él moldeó antes de fallecer y que se puede leer en la interpretación semiótica de su panteón funerario. Es el más vistoso y uno de los más antiguos del cementerio Los Ángeles de Circasia. Se nota extraño por la tipología diferente que presenta. Muchos podrían pensar que él debería estar en el Cementerio Libre, aunque ello refleja el espíritu libertario de los pobladores de Circasia, diez años antes de fundarse el panteón laico. 

Se salvó de la demolición que alguien hizo en el camposanto durante el transcurso del año 2003 y que motivara - incluyéndome con cartas que enviamos al señor al alcalde y al párroco - abogando para que no se destruyeran esos monumentos. Muchos, hermosamente presentados con formas barrocas, sucumbieron. Lo pudimos comprobar, al notar que tenían en su superficie el aviso “Para Tumbar” y como lo publicara la foto que acompañó un artículo del diario LA CRÓNICA DEL QUINDÍO del viernes 3 de enero de 2003, en su página 3.

La acción que emprendimos, junto con otros ciudadanos de Circasia, encabezados por don Helio Fabio Henao Quintero, fue parcialmente efectiva, aunque otros mausoleos fueron demolidos. El de don Darío Henao Vargas se salvó y hoy es testigo de la historia simpática que se ha generado con su interpretación semiótica. 

En su libro, Henao Quintero recuerda la versión del hijo, Darío Henao Arbeláez, cuando se la transmitió al escritor Hilmer Giraldo Giraldo: 

“Mi papá en vida mandó hacer su propio mausoleo, era un hoyo de cinco metros de profundidad y en forma de escuadra había un vacío donde se ubicaba el ataúd “.

Desde esta afirmación histórica, que se comprobó con su muerte, el 22 de marzo de 1923, sale a la luz la otra versión, esta sí con visos de leyenda, que se extendió incluso a la primera etapa histórica del Cementerio Libre, diez años después.

Don Darío fue enterrado de pie en su tumba, diseñada enteramente por él.

No se sabe de otro enterramiento de ese tipo en el cementerio católico de Circasia y tampoco de lo probablemente acontecido una década después en el panteón laico, el Cementerio Libre. Lo que sí se puede afirmar es que ello - cierto o no - ayudó a crear la presunción de la condición de masón para papá Darío, como ocurriría con los fundadores posteriores del Cementerio Libre.

El mausoleo de Papá Darío fue ligeramente modificado después de 2003, pues presenta una cruz católica en su cúspide, la que no correspondía al diseño original. Las autoridades eclesiásticas y civiles siempre negaron haber dado la instrucción de la destrucción del resto de monumentos.

Entre otros elementos que tal mausoleo deja observar, se pueden apreciar, entre otros, los siguientes. Muchos los asocian con la interpretación de la masonería:

  • La flor de lis.
  • La piedra sin labrar y la piedra labrada.
  • Las ramas de laurel.
  • La parte superior en forma de corona bizantina.
  • Representación de hojas de acanto griegas.
  • Figuración de un sol y una estrella y una especie de mitra.
  • Una impresión de V, con aproximación a la figuración de un ave con las alas abiertas.
  • La figuración de una montaña.

El monumento descansa sobre cuatro columnatas romanas. En el centro de estas se encuentra un osario falso y dos de sus paredes tienen las lápidas de mármol con los epitafios de don Darío y su esposa Virginia, fallecida ella un año antes, en 1931.

El sistema de enterrar los cadáveres fue, en su momento, interpretado de la siguiente forma por el fundador de La Tebaida, don Luis Arango Cardona, en su libro ‘Recuerdos de la guaquería en el Quindío’, y tal cual lo trae a mención Henao Quintero: 

“...Al que enterraban de pie era en honor y representación de los oradores militares que con tanta habilidad habían guiado a los soldados al campo de honor y de la victoria”.

Una afirmación de Helio Fabio Henao Quintero llama la atención sobre el mausoleo en el proceso de destrucción del año 2003:

“El monumento de don Darío se salvó porque el sepulturero le dijo al que lo iba a destruir: “no haga eso, hombre, que se echa la maldición de esa tumba”. Pero siempre destruyeron la cruz, la que tiene no concuerda con la original”.

Muy significativa y elemental es la apreciación final sobre esta historia, derivada del mausoleo de Papá Darío y relacionada en el libro de Henao Quintero, y destacando sus atributos:

“…Su afán por la educación y la cultura; la celebración de la navidad, confundiéndose con el pueblo, las viandas y los regalos cuando murió, el testimonio de pesar que le expresó su pueblo, su enterramiento de pie en un hoyo de cinco varas de profundidad, en forma de escuadra; las alegorías en alto relieve que él mismo hizo esculpir en su tumba. Además él era poseedor de unos tiestos con signos masónicos encontrados en una guaca de Circasia. Por lo anterior se puede pensar que don Darío era masón, pero ortodoxo, de los que se rigen por las buenas obras y no de los que avanzan por grados, hasta alcanzar el treinta y tres”.

Una historia, curiosa y fabulosa, sobre la muerte de Papá Darío, descendiente del fundador de Circasia.


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