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Motores encendidos

Leonardo Nova Muñoz

lunes, 19 octubre 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Ya se prenden los motores para las próximas elecciones locales. Como es habitual en estas épocas, el paisaje político empieza a poblarse de especulaciones menudas

Saber qué está haciendo el concejal de turno, quién se alía con quién, qué cuotas de poder se mueven bajo la mesa y qué promesas de bronce se ensayan frente al espejo. El espectáculo del ego político y del chisme institucional ya arrancó.

Pero detengámonos un segundo. Si apagamos el ruido de las tarimas y revisamos con rigor los informes de los concejos municipales, las estadísticas oficiales y los diagnósticos territoriales, el panorama se torna claro. La realidad del Quindío no se debería jugar en las intrigas del cabildo, sino en tres fracturas estructurales que ahogan el día a día de su gente y que los candidatos deben abordar con la debida seriedad.

Por eso, hoy abordaremos el tablero político del Quindío tomando base en una agenda de evidencias, en lugar de seguirle el juego al personalismo y al partidismo, llegando a tres grandes dolores transversales que traspasan nuestro territorio:

Primero, la trampa de la mono-dependencia y la precariedad laboral. Seguimos apostando todo a una sola carta. Mientras los indicadores de ocupación hotelera sufren altibajos críticos —como se evidencia crudamente en municipios como Salento o Montenegro—, la economía departamental sigue atrapada en la informalidad y en los bajos salarios del sector servicios. Armenia arrastra históricamente problemas severos de desempleo juvenil y precarización. Si la clase política no discute cómo diversificar la matriz productiva hacia clústeres especializados, biotecnología o valor agregado agrícola, seguiremos construyendo una economía de cartón piedra, altamente vulnerable a cualquier crisis externa.

Segundo, la crisis hídrica y de saneamiento: el colapso invisible. El agua es nuestro recurso más preciado, pero también nuestra mayor bomba de tiempo. Los municipios cordilleranos y las zonas rurales enfrentan una vulnerabilidad alarmante en sus acueductos veredales —muchos de ellos operando sin tratamiento adecuado y con una altísima alcalinidad natural—, mientras que los centros urbanos sufren la presión de un crecimiento turístico desordenado que colapsa las redes de saneamiento básico. No se trata de discursos ecológicos de postal, sino de saber si las administraciones locales tienen estudios técnicos serios para garantizar agua potable y saneamiento digno en la próxima década.

Tercero, la brecha social y la salud mental en los márgenes. El Quindío lidera cifras preocupantes en problemáticas de salud mental, consumo y desesperanza social que golpean con dureza tanto a los barrios populares de Armenia como a las comunidades rurales. Las familias no necesitan más auxilios clientelistas de última hora; exigen políticas públicas de salud preventiva, acompañamiento comunitario y redes de cuidado con base territorial que de verdad atiendan el malestar social.

Las páginas de los informes técnicos y de los consejos municipales están abiertas; el reto es saber leerlas con la altura intelectual y la decencia metodológica para usarlas en bien del desarrollo social. El Quindío necesita arquitectos para su futuro, que diseñen proyectos pensando en la sustentabilidad social, en esta nueva realidad.