Opinión / DICIEMBRE 08 DE 2022

Vivienda, expectativas para el 2023

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La pandemia de Covid-19 produjo una merma o paralización de muchas actividades en el mundo, Colombia no fue la excepción con desempleo, baja productividad y cierre de establecimientos. La construcción y venta de vivienda también fue afectada con la disminución de insumos y de compradores por la incertidumbre en los ingresos de las familias. En el año 2022 se sumaron otros factores como el invierno constante, el cambio de gobierno en el país y últimamente la subida inesperada del precio del dólar y, por consiguiente, de los materiales de construcción escasos y costosos.

El valor de la vivienda seguirá en aumento en 2023; la inflación y el incremento de los intereses hace que las cuotas iniciales y mensuales de amortización de los créditos bancarios sean cada vez más altos, restando posibilidades a las familias para la compra de vivienda nueva. A este panorama se suma la desaceleración de la economía según pronósticos de los analistas y el valor de la vivienda usada,  que aumenta en la misma proporción. En Colombia, el 46.6% de las familias son arrendatarias – según dato del Dane -, por tanto, el potencial de posibles compradores es muy alto, pero la situación económica descrita y los bajos ingresos de las mayorías, no les permite la adquisición a corto y mediano plazo de una casa o apartamento. Una posible solución para estas personas, podría ser la implementación de programas de autoconstrucción, que abaratan costos en la mano de obra y no contabiliza  utilidades.

A la fecha, no conocemos con claridad las políticas del gobierno Petro sobre la construcción de vivienda; la ministra del ramo ha hecho pocos anuncios sobre la continuación del programa Mi Casa Ya del gobierno anterior, los subsidios de vivienda requieren de un alto presupuesto que garantice su aprovechamiento; además, falta definir cómo quedarán los estímulos para la Vivienda de Interés Social – VIS -, en la actualidad se calcula en 135 salarios mínimos mensuales vigentes – para el presente año en $ 135 millones – y para el año 2023 puede estar alrededor de $ 155 millones, dependiendo del salario mínimo en el nuevo año.

La escasez de suelo urbano y los altos valores por metro cuadrado que incrementan día a día, hacen que los costos de la construcción aumenten. Por la ubicación geográfica del Quindío, el clima, los paisajes y las ofertas turísticas, es posible tener compradores de fuera del departamento; no olvidemos que la inversión inmobiliaria es la más atractiva y protege el patrimonio familiar.

Como ejemplo tenemos: en el parque Uribe el m2 de terreno en el año 1991 era de $ 20 mil, en 2003 $ 150 mil y en 2022 $ 700 mil. En la carrera 15 con calle 20 $ 150 mil en 1991 y $ 6 millones en 2022. Una casa en Bosques de Pinares en 1998 costaba $ 28 millones, al día de hoy  es de $ 120 millones; un apartamento en Bosques de Palermo $ 71 millones en el año 2005, al día de hoy  $ 160 millones.  


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