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Ciencia / FEBRERO 04 DE 2024 / 2 meses antes

Humanidad: lastimosamente inhumanos

Autor : Diego Arias Serna

Humanidad: lastimosamente inhumanos

Triste y lamentablemente ellos son parte de los nuevos ‘zombis’, miembros de una sociedad esclavizada, tal y como la necesitan quienes mueven los hilos del poder mundial.

“La globalización no ha creado solidaridad y las naciones están cada vez más desunidas. La humanidad parece incapaz de avanzar en otro dominio que no sea el científico-técnico, el más proclive a provocar la destrucción de esa misma humanidad”: Edgar Morin.

Con todo lo que está viviendo la humanidad en estos tiempos, pareciera que estuviéramos en la cresta superior de la onda de la crisis de la sociedad, o como dirán otros: estamos cerca del apocalipsis. Políticos corruptos por doquier, gobernantes mediocres por todas partes, instituciones de los Estados sin credibilidad, la democracia en peligro, la prensa, otrora considerada el cuarto poder, ahora en manos de los que ostentan el dominio económico. Para completar el mal, la educación, que debiera ser la antorcha que ilumine el camino, está a la deriva. Asimismo, la ciencia y la tecnología, que han aportado beneficios a la sociedad, también se van subiendo a la ‘ola’ de la crisis -en particular la segunda- que facilita controlar la población o convertirla en borregos de una clase dirigente que, con poca cultura, pero sí con capacidad de mentir, se atrincheran en puestos claves de los gobiernos y de instituciones como el Ejército y la Policía.

Estos verdugos a la orden de los poderes económicos, se apoyan no solo en los medios de comunicaciones, sino también en las redes sociales que diseñan plataformas que atrapan a las comunidades, convirtiéndolos en ‘zombis’ de la nueva ‘droga’. Para dar más luces de la situación aquí planteada, démosle la palabra a un experto, como es el caso de Edgar Morín, filósofo y sociólogo francés, quien nació el 8 de julio de 1921 y con casi 103 años sigue pensando y sin ‘jubilarse’. Estudió en la Universidad de París y a partir de la década de los 50 empezó a adquirir renombre con sus planteamientos del pensamiento complejo.

Carmen Irene Rivero, en su escrito titulado ‘El aporte de Edgar Morín al pensamiento social contemporáneo, desde una epistemología de la complejidad’, explica la importancia para las ciencias sociales: incorpora la transdisciplinariedad, la multidimensionalidad y, lo que hemos llamado, “doble dialecticidad”. Ella es una socióloga y profesora venezolana, y su documento se publicó en Dialnet, portal de difusión de la producción científica hispana, gestionado por la Fundación Dialnet de la Universidad de La Rioja (España). El pensador plasmó sus reflexiones en el periódico El País de España, el pasado 28 de enero, rotulado como: “Una crisis de Humanidad” y subtitulado: “La tecnología progresa, el pensamiento retrocede”.

En la presentación del artículo, el citado periódico divulgó: “Dos guerras terribles en marcha. Una sociedad, la capitalista, en la que la búsqueda del beneficio parece el único criterio. Regímenes neototalitarios en alza. Instrumentos de control del ciudadano cada vez potentes, un progreso científico-técnico sin guía, un retroceso generalizado del pensamiento. El filósofo francés Edgar Morín, que no considera que este análisis del momento presente sea catastrófico, estima que la policrisis que vivimos en todo el planeta es antropológica. Es la crisis, sostiene, de una humanidad incapaz de convertirse en Humanidad”. Apartes del artículo se presentan continuación.

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Globalización: ‘cáncer’ de la solidaridad

La globalización no ha creado solidaridad y las naciones están cada vez más desunidas. La humanidad parece incapaz de avanzar en otro dominio que no sea el científico-técnico, el más proclive a provocar la destrucción de esa misma humanidad. Es hora de pasar a la Resistencia empezando por el espíritu”. Morín se pregunta: ¿Acaso no es medianoche en nuestro siglo? Hay dos guerras activas. La de Ucrania ya ha movilizado la ayuda económica y militar de una parte del mundo, y el conflicto se radicaliza y corre el riesgo de extenderse.

Rusia no ha conseguido anexionarse el país, pero resiste en las regiones anteriormente separatistas y de habla rusa. El bloqueo la ha debilitado parcialmente, pero también ha estimulado su desarrollo científico y técnico, sobre todo en el ámbito militar. Esta guerra ya ha tenido consecuencias de gran alcance: la autonomía en diferentes grados del sur global respecto a Occidente y la consolidación de un bloque Rusia-China. Recuerda el filósofo que un nuevo foco de tensión se ha abierto en Oriente Próximo tras la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023, seguida de los mortíferos bombardeos israelíes sobre Gaza.

Esas carnicerías, acompañadas de persecuciones en Cisjordania y declaraciones anexionistas, han despertado la cuestión palestina latente. Han demostrado la urgencia, la necesidad y la imposibilidad de descolonizar lo que queda de la Palestina árabe y de crear un Estado Palestino. Asimismo, explica: como no se está ejerciendo, ni se ejercerá ninguna presión sobre Israel para llegar a una solución de dos Estados, solo podemos prever una intensificación, cuando no una ampliación de este terrible conflicto. Es una trágica lección de la historia: los descendientes de un pueblo perseguido durante siglos por el Occidente cristiano, y luego racista, pueden convertirse a la vez en perseguidores y en el bastión avanzado de Occidente en el mundo árabe.

Aumenta la desigualdad y la democracia en crisis

Los efectos de los conflictos los plantea el Morín así: estas guerras agravan la acumulación de crisis que afectan a las naciones, alimentadas por el virulento antagonismo entre tres imperios: Estados Unidos, Rusia y China. Las crisis se refuerzan mutuamente en una especie de policrisis, social y civilizatoria que van en aumento. La degradación ecológica afecta a las sociedades humanas a través de la contaminación urbana y rural, empeorada por la agricultura industrial. La hegemonía del beneficio incontrolado (una de las principales crisis ecológicas) está incrementando las desigualdades en todo el planeta.

Las cualidades de nuestra civilización se han deteriorado y sus defectos han aumentado. Sobre todo, por el desarrollo del egoísmo y la desaparición de la sociedad tradicional. La democracia está en crisis en todos los continentes; está siendo sustituida progresivamente por regímenes totalitarios que, dotados de medios para controlar digitalmente a las poblaciones y a los individuos, tienden a crear sociedades de sumisión que podrían calificarse neototalitarias.

Refiriéndose a la ciencia y la tecnología, advierte: el progreso científico y tecnológico que se desarrolla de manera prodigiosa en todos los campos, es la causa de los peores retrocesos de nuestro siglo. Este progreso fue el que permitió la organización científica del campo de exterminio de Auschwitz, el que hizo posible el diseño y la fabricación de armas más destructivas, hasta la primera bomba atómica; es el que hace que las guerras sean cada vez más mortíferas; es el que, impulsado por el ansia de beneficios, ha creado la crisis ecológica del planeta.

En palabras suyas: cabe señalar -aunque es difícil de concebir– el progreso del conocimiento, al multiplicarse y compartimenzarse mediante las barreras entre las distintas disciplinas, ha provocado un retroceso del pensamiento que se ha vuelto ciego. Ligado al dominio del cálculo en un mundo cada vez más tecnocrático, el progreso del conocimiento es incapaz de concebir la complejidad de lo real, y especialmente de las realidades humanas. Ello conduce a un retorno al dogmatismo y al fanatismo, así como a una crisis de la moral por el auge del odio y la idolatría. Nos encaminamos hacia posibles catástrofes. ¿Es esto catastrofismo? Esta palabra exorciza el mal y da una serenidad ilusoria.

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Pero el filósofo da algo de esperanza: Hubo un tiempo –no hace tanto– en el que podíamos contemplar un cambio de rumbo. Parece que es demasiado tarde. Por supuesto, puede ocurrir lo improbable y, sobre todo, lo imprevisto. No sabemos si la situación es solamente desesperante o verdaderamente desesperada. Esto significa que, con o sin esperanza, con o sin desesperación, debemos pasar a la Resistencia. Como sucedió con la ocupación Nazi.

Resistencia del espíritu: fundamental

Edgar Morín plantea que es importante asumir la resistencia espiritual, la considera la primera y fundamental. Para él, significa resistencia a la intimidación de toda mentira blindada como verdad y al contagio de toda embriaguez colectiva. Significa no ceder jamás al delirio de la responsabilidad colectiva de un pueblo o de una etnia. Exige resistir al odio y al desprecio. Impone una preocupación por comprender la complejidad de los problemas y los fenómenos en lugar de ceder a una visión parcial o unilateral. Requiere investigación, verificación unificada de la información y aceptación de la incertidumbre.


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