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Opinión / JUNIO 04 DE 2023

El desplome de la imagen

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los rasgos de personalidad, que profesionales han identificado en el presidente Petro, se han reflejado en el desempeño de sus 2 cargos dentro de la administración pública, en concordancia con lo sucedido en el manejo de asuntos de tanta trascendencia para el buen funcionamiento del Estado, generando al país problemas en detrimento de su imagen y de su gobierno.
 

Lo grave  es que él los agudiza, al pretender buscar razones y culpas en supuestas estrategias de sus opositores para interponerse en sus planes y reformas ofrecidas y las que, según él, ya habían sido acogidas por sus electores, olvidando que no es la instancia constitucional encargada de hacerlo; que fue elegido para gobernar no solo a quienes votaron por él, sino a todos los colombianos; 3 que el órgano legislativo encargado de tal aprobación está conformado por personas elegidas para velar por los intereses generales del país y no de acoger y aprobar de forma incondicional todo lo que él y sus ministros le presenten; que como Estado democrático y de derecho cuenta con tres poderes independientes y que a él corresponde presidir el ejecutivo, lo cual le obliga a respetar las decisiones y jurisdicción del legislativo y el judicial.

Volviendo a la introducción, refiero interesante artículo publicado por el sicólogo clínico German Estrada Mariño, antes de la primera vuelta electoral del año pasado: “diversas teorías de liderazgo y el estudio de la inteligencia emocional han demostrado cómo en los grandes líderes, algunos atributos de personalidad, son claves para conducir a sus grupos, seguidores, empresas o causas en diferentes esferas del éxito. Petro, a pesar de sus grandes potencialidades intelectuales y su visión, es víctima de un rasgo de su estructura de personalidad que le impide ejercer, y así lo demostró en su administración en Bogotá, un liderazgo eficiente, un inmenso ego narcisista que le impide empatizar con quien no esté dispuesto en su equipo a darle siempre la razón, así no sea en áreas que no son de su experticia”.

Ratifica lo que viene sucediendo con el actual jefe de Estado en el manejo del gobierno, buscando excusas, justificaciones o evasivas que le han complicado las cosas. Adicional con intereses individuales sobre intereses generales: 1. Conformación de sus equipos con personas de dudosa trayectoria,  contaminadas o cuestionadas con temas de corrupción; 2. Peligrosos mecanismos, identificándose con el vandalismo de la llamada Primera Línea o convocando movilizaciones que bien sabemos terminan en graves desórdenes, incluso con intención de salir a marchar como uno más; 3. Actitud endeble frente a la criminalidad, tratando de acelerar una paz total que por el contrario se traduce en mayor inseguridad; 4. Calificación de enemigos a quienes lo cuestionan a él o a sus aliados políticos, incluidos poder judicial, prensa,  organismos de control por comentario o decisión legitima en contra de alguno de ellos; 5. Hace en muchos casos, justo lo que tanto criticó de sus antecesores; y 6. Caza peleas con Raimundo y todo el mundo. 
 


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