Ciencia y Tecnologí­a / AGOSTO 07 DE 2022 / 3 meses antes

Colombia: la esperanza de una transformación

Autor : Diego Arias Serna

Colombia: la esperanza de una transformación

En este país fue peor el ‘remedio’ (paramilitarismo-AUC) que la ‘enfermedad’ (guerrilla). De eso no cabe la menor duda. El Estado ha buscado ‘enmascarar’ la verdad acerca de su cómplice rol, en la histórica violencia contra el indefenso pueblo colombiano.

La Batalla de Boyacá que dio inicio a la República en 1819, contó con el apoyo de guerrillas que se formaron en varios sitios del país, sobre todo en los Llanos y en la vertiente de la cordillera Oriental.

Es posible hacer un paralelo entre conceptos, leyes y principios de la física, con movimientos sociales y cambios estructurales de una sociedad. Por ejemplo, la primera ley de movimiento, formulada por Newton, dice que todo cuerpo se mantiene en su estado de reposo o movimiento uniforme y con la misma dirección y velocidad, a no ser que sea obligado a cambiar de su estado por fuerzas netas que actúen sobre él.

Esa tendencia de un cuerpo que se resiste al cambio en su movimiento, se conoce con el nombre de inercia. Esa misma situación suele ocurrir en la sociedad frente a los cambios sociales. Hay que decir que ese paralelismo tiene sus complejidades, pues en física a lo que se le aplica esa ley de inercia es a la materia particularizada como masa, mientras que, en asuntos humanos, esa ‘masa’ se puede asociar con los diferentes grupos de la sociedad, los cuales entran en contradicción y enfrentamientos.

Cuando hay un grupo que ha tenido por largo tiempo ciertos privilegios educativos y económicos, entre otros muchos, amparándose en la política, los medios de comunicación afines al poder, las Fuerzas Armadas y las élites religiosas, por citar sólo algunos, entonces se resiste al cambio, es decir, se manifiesta la inercia que puede ser vencida por otra organización social. Aunque es muy simple y breve la imagen presentada de la sociedad, se puede decir que algo así le ha pasado a Colombia.

Desde la llegada de los españoles hasta el presente, siempre unos pocos han gobernado como han querido; han expropiado la riqueza del subsuelo. Cuando se formó el gobierno, han atracado el erario público. Llevan tanto tiempo, que se consideran inamovibles y los únicos con derecho a gobernar. Pero como dice el refrán: “Tanto rueda el cántaro hasta que por fin se quiebra”. Este 7 de agosto, aborígenes, afrodescendientes, campesinos, marginados, jóvenes, están de fiesta porque sienten que por fin a la Casa de Nariño llega alguien que no los engañará.

El cambio que se espera inicie Petro, no es fácil, porque va a encontrar un país descuadernado por la corrupción y el desgobierno de Duque. Aunque sus antecesores han sido “picados por el bicho corrupto”, quien entrega este domingo su pésimo mandato, les ganó a todos. Si se dice que fue peor que Pastrana en mediocridad, y ya es mucho decir. ¿Y para qué compararlo con el innombrable? Es el mismo mal.

Con el erario público hizo varios banquetes de reparto; manejó al país con el circo de la mentira y sin pudor mintió en los foros internacionales. Volvió trizas el acuerdo de paz: 252 exguerrilleros firmantes de los acuerdos fueron asesinados; 850 líderes sociales exterminados durante su administración. No contento con esos crímenes, manejó corruptamente el dinero para la paz. Al país lo dejó más pobre y más endeudado. Hasta casi acaba con el Centro Democrático, y por eso hay que darle las gracias.

Indígenas: sometidos

Repasándose nuestra historia, que dejó de enseñarse en bachillerato - aunque se decían mentiras - podrá verse cómo se entretejieron los hilos del poder de unos pocos y discriminándose a la mayoría. Echaremos ese vistazo al pasado, de la mano de un reconocido experto: Jorge Orlando Melo, autor del “Colombia: las razones de la guerra. Las justificaciones de la violencia en la historia del país y el fracaso de la lucha armada”, editado el año pasado.

Fue profesor de las universidades Nacional y del Valle, así como del Duke University (EE.UU.) e integrante del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso). Además, ha desempeñado otros cargos importantes. Su texto compila la historia desde la conquista hasta el acuerdo de paz de 2016. Al final presenta una síntesis, que - en el caso particular de este artículo - facilitará enseñar su aporte.

“En términos muy generales – dice Melo - este ensayo ha mostrado que la historia de la violencia puede agruparse en tres grandes periodos: la Conquista y la Colonia, caracterizada por la violencia contra los grupos indígenas y esclavos; la Independencia y la República, apoyada en la idea del derecho a la insurrección justa contra el tirano, y la época de la revolución social y política, basada en la lucha para establecer una sociedad justa, la cual fue definida en el siglo XX, y que, tras unos esbozos en la década de 1920, se convirtió en dominante desde mediados del siglo XX”.

Explica además el destacado intelectual colombiano: “Esta tercera fase, que va hasta los años recientes, es la que este libro ha considerado de forma preferente. La conquista fue una época de gran violencia. Entre 1500 y 1560 hubo enfrentamientos armados entre los grupos indígenas y los conquistadores españoles, que pretendían someterlos a su dominio. Sometidos los indígenas y convertidos al cristianismo, las zonas dominadas por los españoles fueron bastante pacíficas entre 1560 y 1810”.

Recuerda que “durante el periodo colonial los indígenas no sometidos o rebeldes, eran reprimidos de forma violenta cuando atacaban a vasallos obedientes o desafiaban las órdenes de las autoridades”, trayendo además a colación que “en la Independencia, durante el periodo 1810-1822 se enfrentaron los patriotas americanos – que alegaban el derecho a la rebelión – con los ejércitos españoles – que trataban de reprimirlos; a veces, dentro de los códigos de la guerra justa (el derecho de gentes y el ius in bello), y a veces, por fuera de ellos -. La nueva granada sufrió una violencia más reducida que Caracas y otras regiones, aunque hubo duras guerras en Popayán, Santa Marta y la frontera con Venezuela. Desde 1816 la violencia aumentó, pues los españoles pudieron reprimir con dureza a los patriotas”.

No más oligarquía minoritaria en el poder

Jorge Orlando Melo, en su libro Colombia: las razones de la guerra, señaló: “La idea de que el país ha sido dirigido por una estrecha minoría que ha buscado su propio beneficio - a veces a costa del beneficio de la mayoría – es compartida por buena parte de los estudiosos sociales -. Pero la idea de que la única solución de fondo, en todas las épocas – y, sobre todo, en la segunda mitad del siglo XX -, habría sido la lucha armada para darle el poder al pueblo es totalmente arbitraria, pues supone la idea que el pueblo apoya esa revuelta en un momento determinado, y que existían condiciones que hacían probable que la revuelta tuviera éxito”.

Al respecto aclara: “El problema colombiano en estos años no estuvo en que el Estado se opusiera a la guerrilla, sino en que, por su gran ineficiencia y su incompetencia militar, encontró argumentos para permitir – o al menos, tolerar – que la represión se hiciera violando la ley, mientras que la mayoría de los actos violentos contra la guerrilla eran cometidos por grupos armados conformados por particulares para buscar una defensa del Estado que no estaba dando de forma adecuada. De cierto modo, la acción de los paramilitares, que constituye la forma más amplia de violencia política después de 1980, no se justificó con argumentos complejos, como los que desarrollaron los partidarios de la revolución armada”.

Desde la perspectiva de Melo, la historia del conflicto en Colombia muestra, que ni el Ejército ha podido vencer a la guerrilla, ni esta tomarse el poder. Lo único que se ha conseguido es muertos por parte de las fuerzas enfrentadas, y de campesinos e indígenas. Eso lo entendió Petro, y por eso, con algunos políticos de dudosa conducta, hizo alianzas para lograr llegar a la Casa de Nariño, como lo está haciendo hoy. Pero el nuevo presidente también se alió con los despreciados por esa clase gobernante que sólo ha buscado beneficiarse. Por tal motivo, hoy está de fiesta esa Colombia olvidada, que vigilará lo que haga o deje de hacer el nuevo poder.

1819 a 1903: periodo de guerras civiles

Trae a la memoria que “como respuesta, se hizo común la guerra de guerrillas, organizada por criollos rebeldes, y que no se sometían a los códigos de la guerra. Se creó un patrón de enfrentamiento en el que ambos lados alegaban su propio derecho a hacer la guerra sin límites y representaban la acción del grupo opuesto como injusta y cruel. Lograda la independencia y establecida la república, de 1819 a 1903 hubo levantamientos militares violentos y varias guerras civiles entre liberales y conservadores, y a veces largas, pero también intermitentes”.

Sobre el siglo XX, Melo escribió: “Hubo un periodo de una intensa violencia que retomó algunos de los elementos del siglo inmediatamente anterior. Los dos partidos políticos, que revivieron hasta cierto punto conflictos del pasado, alcanzaron un nivel de enfrentamiento que ha llegado a ser conocido como la época por antonomasia de La Violencia. Entre 1948 y 1958 tuvo momentos diferentes de intensidad, y llevó a la formación de “guerrillas” rurales que se enfrentaron al ejército, y de grupos antiguerrilleros que se aliaron al gobierno”.

Enfatiza en su texto que “todos los bandos apelaron a tipos de violencia crueles, que violaban las normas de la guerra, castigaban al enemigo y buscaban dividir a la sociedad por medio del terror. Algunas de las guerrillas liberales buscaban derribar a la dictadura conservadora, otras querían, ante todo, defender a los campesinos del acoso de las autoridades y de los propietarios de la tierra: eran guerrillas de “autodefensa”. La violencia rural entre liberales y conservadores terminó con el pacto del Frente Nacional, en 1958, que llevó a años de paz relativa, hasta mediados de la década de 1970, sin embargo, algunos de los tipos de violencia de los años anteriores se mantuvieron”.

En el libro quedó consignado que “a partir de 1958 se expandió la agricultura comercial moderna, basada en la ampliación del área agrícola titulada a los grandes terratenientes. Esta titulación – sobre todo la de baldíos – se logró con una mezcla de violencia y manipulación legal para formar (muchas veces con recursos asociados a la droga) plantaciones, ganaderías, empresas mineras, refugios ilegales. La droga se volvió un elemento central de la economía desde la década de 1970, cuando crecieron bruscamente las exportaciones de la cocaína”.

No duda en afirmar que “el auge de la droga llevó a la conformación de grupos de delincuentes armados, los “carteles de la droga”, que usaron la violencia como forma de amedrantar a la justicia y al Estado, y como mecanismo para consolidar su control de las zonas rurales donde estaban funcionando. Esto llevó a que entre 1975 y 2001 se presentaran los años de mayor intensidad en la violencia en Colombia, con cerca de un millón de muertos; la mayoría, como resultado de un aumento masivo de la violencia privada y delincuencial, que desbordó la capacidad de control y respuesta del Estado, y con varios millones de desplazados, víctimas de la violencia y de la manipulación ilegal de la propiedad de la tierra”.



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