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Historia / ABRIL 09 DE 2023 / 1 año antes

Las sorprendentes crónicas de las erupciones del Nevado del Ruiz a través de la historia

Autor : Roberto Restrepo Ramírez / Especial para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO

Las sorprendentes crónicas de las erupciones del Nevado del Ruiz a través de la historia

Las plumas de Fray Pedro Simón, Francisco José de Caldas y José Manuel Restrepo Vélez registraron los angustiantes momentos que se vivieron en distintas épocas.

El volcán Nevado del Ruiz está preocupando inmensamente a las comunidades aledañas, por su actividad sísmica y por las amenazas de nuevos desastres. Lo cierto es que -en estos casos- no se recurre a las crónicas escritas que han narrado los detalles de aquellas desgracias que, como ocurrió con la de Armero, el 13 de noviembre de 1985, tuvo su origen en la explosión de esa montaña que también se conoce como el ‘León Dormido’.

Se conocen crónicas que aluden a los más graves eventos volcánicos derivados del Ruiz. La primera fue escrita por fray Pedro Simón, bautizado en la parroquia de San Lorenzo de Parrilla de su natal España. Al llegar a la juventud ingresó al Convento de San Clemente y en abril de 1604 viajó al Nuevo Reino de Granada, donde fue asignada su misión pastoral en el pueblo de Tota. Su interés por describir los detalles de geografía del Virreinato y la historia de las gestas de conquista lo llevó a relatar también otros hechos, como el sucedido con la primera explosión del Ruiz, registrada en el mes de marzo de 1595.

Si bien este relato de fray Pedro ya hace parte de la historia más destacada del Virreinato, la reseña que lo menciona más analíticamente es la recordada por otro historiador del siglo XX en Colombia, Abelardo Forero Benavides, quien trae a colación dos aspectos importantes, que bien valdría la pena analizar con más profundidad. Forero Benavides los menciona en su artículo de Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo, publicado el 19 de enero de 1986, unos días después de la tragedia de Armero bajo el título de “Biografía del Ruiz, temas volcánicos”. No solo aborda en su escrito el suceso de 1595, sino que se refiere Forero Benavides a la espantosa experiencia de Armero, la que pudo evitarse si se hubiera acudido al recuento histórico. La primera parte de su artículo es bien diciente, porque además cita la frase de un famoso escritor alemán: “Dos historiadores, Fray Pedro Simón y José Manuel Restrepo reseñaron dos erupciones volcánicas anteriores del Ruiz, una en 1595 y otra en 1845, preludios a la trágica de 1985. ‘La experiencia no sirve para nada, porque la fatalidad siempre cambia de sistema’, decía Goethe. En este caso colombiano la fatalidad no cambió de sistema y la experiencia hubiera sido útil. Un defecto de los colombianos es el no tener el sentido de la previsión. Se ocupan afanosamente de preveer lo que ya pasó”.

Siendo el anterior el primer aspecto señalado por Forero Benavides, también es relevante el otro, que está ya implícito en el relato de fray Pedro Simón y que otros historiadores han ignorado. Se refiere a la presunción de dos explosiones, como se colige del relato del fraile. Por su interés histórico, transcribo el párrafo del artículo de prensa de Forero Benavides: “El Nevado del Ruiz y el río Lagunilla figuran trágicamente en las historias. Fray Pedro Simón escribe en sus ‘Noticias historiales’ sobre dos volcanes, con los nombres de volcán de Cartago y volcán de Mariquita. Hicieron pávida irrupción en los finales del siglo XVI. Sembraron de desolación y ruina las comarcas ahora arrasadas”.

Continúa reseñando Forero Benavides en su artículo, y tomando los principales apartes del relato de fray Pedro Simón: “Entre la ciudad de Mariquita y el Poniente, a diez y seis leguas de distancia de donde parte términos con la ciudad de Cartago, por partes montunas y partes rasas, se halla un volcán, el más notable de este Reyno (sic). Es un cerro redondo, nevado, altísimo que de pocas partes del Reyno (sic) se deja ver en tiempo sereno por la nieve de que está cubierto toda la vida. De la cumbre y entre aquella envejecida nieve está siempre saliendo una pirámide de humo que se ve algo encendida en las más oscuras noches.

Los rastros de piedra pómez, azufre y arena menuda negra, que hay a muchas leguas de sus contornos, en especial hacia la ciudad de Mariquita y el río Grande, dan claras muestras de haber reventado en otros tiempos este volcán.

Pero la reventazón que con evidencia vieron y oyeron los de este Reyno (sic) fue el día 12 de marzo de 1595, domingo de Lázaro. A las doce del día se oyeron truenos sordos como de bombarda, tan fuertes que se oyeron más de treinta leguas por toda su circunferencia, causados por haber reventado este cerro por debajo de la nieve, por el lado que mira al este y nace este río Gualí. Abrió de boca más de media legua. Quedó descubierta mucha piedra azufre.

En la parte donde reventó ahora tienen su principio dos famosos ríos: el que hemos dicho de Gualí y otro mayor, camino hacia Ibagué, que llaman el de Lagunilla. Fue cosa de asombro sus crecientes y el color del agua que traían. Más parecía que agua, masa de ceniza y tierra, con tal pestilencial olor de azufre que no se podía tolerar de muy lejos. Abrasaba la tierra por donde se extendía el agua. No quedó pescado en ninguno de los dos ríos que no muriese. Fue más notable está creciente en el Lagunilla, cuya furia fue tal, que desde donde desemboca por entre dos sierras para salir al llano, arrojó por media legua peñascos cuadrados. Anegó la inundación todo ganado vacuno que pudo antecoger. Fue así extendido hasta entrar en el Río de la Magdalena, abrasando de tal manera las tierras por donde iba pasando que hasta hoy no han vuelto a rebrotar. De vez en cuando se ve algún espartillo”.

Forero Benavides tiene en cuenta la crónica sobre el otro volcán, que el cronista español llama de Cartago, y del cual registra desastre el mismo día y a la misma hora del llamado de Mariquita. Lo escribió así el fraile: “El día doce de marzo de 1595, habiendo salido el sol muy claro y despabilado a dos horas de su luz, serían como las ocho, salió de este volcán, uno tan valiente, ronco y extraordinario trueno que se oyó a más de cuarenta leguas de su circunferencia. Comenzaron a salir tan crecidos borbotones de ceniza y comenzó a caer envuelta con piedra pómez tan menuda como arena. Se fue acrecentando poco a poco hasta ser como menudo granizo. Duró esto como dos horas. No cesó de llover esta ceniza.

Los ríos y quebradas corrían espesos, de suerte que los peces huían de una parte y otra sin saber adonde y muchos de ellos saltaban a tierra buscando socorro contra el raudal de la ceniza. La ciudad de Cartago organizó procesiones, sacrificios y otras plegarias a Dios. Fueron enviados jueves y viernes abundantes aguaceros que lavaron todos los árboles, dejando alegre y lavada la tierra que estaba harto necesitada”. 

En un escrito de la Radio Nacional de Colombia, publicado el 7 de abril de 2023, se señalan otros detalles sobre la explosión de 1595, en el sentido que sucedieron “tres erupciones plinianas” y que, tres días antes, ocurrió un terremoto.

En el artículo de Forero Benavides se transcribe el otro hecho alusivo al Ruiz, en este caso relacionado con la crónica escrita por el primer historiador colombiano, el antioqueño José Manuel Restrepo Vélez (1781 - 1863). Se destacó Restrepo porque escribió datos importantes sobre la vida de Bolívar y sobre la sucesión de episodios de la Independencia. En su diario describió así la explosión del Ruiz del año 1845 y de la cual también se menciona que ocurrió con “un terremoto de gran magnitud”, tal cual también lo reseña el escrito de la Radio Nacional de Colombia. Así lo señaló Restrepo: “El día 19 de febrero de 1845 ha ocurrido una catástrofe lamentable en el río Lagunilla que corre del Poniente al Este y desemboca en el Río Magdalena. En dicha hora se oyó un gran ruido en la vega del río y se sintió como un temblor de tierra. En breve apareció una inmensa inundación de lodo que cubrió y arrastró los bosques, las casas y los desgraciados habitantes que no huyeron. Unos quedaron sepultados y algunos pocos se acogieron a los árboles que resistieron la fuerza del torrente. Pocos de estos de pudieron salvar y los demás perecieron de hambre y de sed, pues ninguno los podía socorrer...”.

Han muerto como mil habitantes de la parte alta del valle de Lagunilla y de cuatro a seis leguas cuadradas quedaron cubiertas de piedras, cascajo, arena y lodo de tierra no vegetal. Entre esto había grandes masas de nieve. La capa de lodo era de cinco pies de espesor en lo más bajo...”.

Aún se ignora cuál fue la causa de este desastre. La opinión más probable es que una gran parte del Nevado del Ruiz, de donde nace el Lagunilla, se derrumbó con la nieve y tapó el curso de las aguas...”.

Creen otros que acaso el Ruiz, que es un volcán, hizo alguna erupción de lodo, lo que prueban con el hecho de que aún el mismo río Magdalena tuvo sus aguas hediondas a azufre. Se ensuciaron tanto que no se podían beber y los peces, medio muertos, huían a las orillas”.

Un tercer registro histórico, poco conocido, con posible relación a otra erupción del Ruiz, lo menciona el historiador José Manuel Groot, en el libro titulado “Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada” (Bogotá, Casa Editorial de M. Rivas & Cía.,1890). En el apéndice de la obra se incluye la “descripción del Tolima de los Andes del Quindío”, un informe presentado por Francisco José de Caldas, en su labor de trabajo científico adelantado en el Observatorio Astronómico, y específicamente sobre el avistamiento de la “gran sierra nevada del Quindío” y la “masa cónica de Tolima”. El científico Caldas, en su expedición realizada en agosto de 1806 con José Manuel Restrepo y Manuel José Hurtado, emprendió “una medida de esta montaña célebre”, la del Tolima. También anota: “Nosotros hemos contemplado mil veces esta soberbia cordillera desde nuestro observatorio: la hemos registrado menudamente ayudados del telescopio y nunca hemos visto la menor señal de humo, ni de que esté encendida. No obstante estamos persuadidos que existe en algún punto de esta inmensa montaña algún cráter, y creemos que las desgracias que padeció la villa del Honda en junio de 1805 no tuvieron otro origen”.

En esta cita, Francisco José de Caldas se refiere al terremoto que sufrió la población de Honda en el mes de junio de 1805, y fue ese evento el que pudo tener relación con la segunda explosión del Ruiz en su historia, después de la de 1595 y antes de la de febrero de 1845. Había sucedido el 16 de junio de 1805 y no se conocen de ella otros detalles escritos.


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