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Historia / ABRIL 23 DE 2023 / 11 meses antes

Un diario de la independencia de Colombia en el “Libro de varias noticias particulares”

Autor : Roberto Restrepo Ramírez / Especial para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO

Un diario de la independencia de Colombia en el “Libro de varias noticias particulares”

El personaje que representa a José María Caballero en la serie de televisión.

José María Caballero, el santafereño que registró para la posteridad su cotidianidad.

Decidí celebrar el Día Internacional del Libro - este 23 de abril - con la relectura de un ejemplar añejo, de edición sencilla, para animar a despertar la magia de los acontecimientos que allí se narran. Eso me ha ocurrido - previo a la conmemoración de esa fecha - con un librillo de factura humilde que, además, cumple 50 años de tiraje público. Su título, como su contenido, nos aviene con la expresión “particular”. Y es que repasar nuevamente sus páginas nos lleva a la historia poco abordada del llamado Virreinato de la Nueva Granada, a la vida de la pequeña Santafe de Bogotá de principios del siglo XIX y - lo más importante - a la relación de hechos acaecidos en las dos primeras décadas correspondientes a la independencia de Colombia.

La promotora de la obra (Biblioteca Shering Corporativo U.S.A., a través de Ediciones Guadalupe LTDA., Bogotá,1973) escogió un título llamativo, interesante y “particular”. Desde el comienzo textual, el “LIBRO DE VARIAS NOTICIAS PARTICULARES” nos dirige también a rememorar al autor de las notas del pasado, recogidas en un diario singular. Ese diario fue escrito por un criollo y patriota llamado José María Caballero, quien además era un simple “sastre, tendero, actor, comerciante y administrador de obras caritativas”, como así lo califica el columnista Antonio Ochoa Flórez en un artículo de su autoría, titulado “CRÓNICAS DE UNA GENERACIÓN TRÁGICA” (Señal Memoria, RTVC,2019). 

Caballero era un habitante de principios del siglo XIX, que decidió consignar sentidas líneas en su diario personal que, con el paso del tiempo, se constituyeron en un importante documento, que nos reseña vida cotidiana, casos criminales, fenómenos naturales (como terremotos y granizadas) y hechos curiosos y graciosos de aquellos días. Sin faltar, en el desarrollo de sus apuntes, algunos aspectos de su vida personal, ocupacional y matrimonial. Datos estos, que son los únicos que se conocen de él, porque se ignoran las fechas de nacimiento y muerte y no quedó algún registro artístico de su fisonomía. Obvio que esto ocurriese para un personaje del común de aquellos tiempos, que no interesó a la pluma de algún biógrafo o a la plumilla de un artista, para el registro de su memoria.

Ese pequeño libro, editado hace medio siglo, llegó a mis manos en algún momento, para calmar las ansias de conocimiento sobre anecdotario y sucesos de la cotidianidad del pasado nacional, algo que a los antropólogos nos llama la atención, porque aquellos relatos nos ayudan a construir la microhistoria - como sustancia de lo no registrado - ya que su repaso podría llevarnos a la veracidad - tampoco aceptada - de los acontecimientos. Se dice, por ejemplo, y con relación a las referencias escritas por don José María Caballero que, a principios del siglo XX, los historiadores, Eduardo Posada y Pedro María Ibáñez, omitieron datos importantes del diario en la publicación de la primera obra escrita que daba conocimiento sobre el cronista. Se tituló “DIARIO DE LA PATRIA BOBA”(Volumen Primero de la ‘Biblioteca de Historia Nacional’. Imprenta Nacional, Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá, 1902). Aunque otros son más severos al afirmar que, en dicha publicación, se “mutilaron” fragmentos de los manuscritos originales del diario, el que había permanecido oculto por más de 80 años desde 1819, última fecha que se conoce de la existencia de don José María Caballero.

La importancia del diario - algo muy personal y que seguramente se constituyó en su manuscrito más preciado - es notable, porque nos permite conocer hechos puntuales de la época que va hasta 1819, describiendo en esa sección los momentos previos al 20 de julio de 1810, los “enfrentamientos entre los centralistas y federalistas, la reconquista del gobierno por los españoles y el gobierno de hierro implantado por Pablo Morillo”, como así lo menciona el columnista Ochoa Flórez en su artículo  de Señal Memoria RTVC. Si bien el libro que llegó a mis manos es reseñado como el Tomo 1, lo que allí se transcribe - y que solo va hasta el año 1814 - nos refleja el estilo rudimentario de un cronista que, sin embargo, se enorgullecía con emoción al narrar los hechos de su vida, en su condición de protagonista de la lucha independentista. Si tampoco aparecen (en este ejemplar que releo) los horrores que le tocó presenciar, ante la escalada de fusilamientos de próceres, los siguientes párrafos tomados del texto de “LA PATRIA BOBA” (1902) - y que se incluye como Introducción -retrata la relevancia y la sensibilidad escrita del cronista santafereño:

“...Al leer en la relación de Caballero los días de terror en Santafe, se sienten deseos de borrar ese nombre de ‘Patria Boba’. Es aquello tan trágico y mueren esos hombres con tal aureola, que nadie, al ver ese desenlace, piensa que tal temporada fue sainete y no drama. Toda risa y toda burla se acalla entonces sobre esos patricios que, si en ocasiones los hemos visto con prosaica chinela, van ahora con coturno desfilando hacia el patíbulo...”.

“...José María Caballero es testigo presencial y actor de muchos de ellos. En humilde sastrería lo encuentra la revolución magna y se convierte en soldado. Cuando fusilan a Policarpa, de cuya muerte nos da curiosos pormenores, siente pavor y resuelve huir de la ciudad. En un río del Tolima, por allá en Chaparral, va a ocultarse de la terrible cuchilla. Al regresar, naufraga su rústica embarcación, pierde cuanto tenía, y llega al Guamo casi desnudo. Calmado un tanto el terror, vive aquí en junio de 1819 y se va luego a Fómeque, donde estaba cuando el triunfo de Boyacá, y fija allí su residencia. Nada sabemos de sus postreros días; sus apuntaciones terminan en ese año de glorias; quizás allá en esa población de oriente terminó su fatigosa vida”.

Leyendo los dos anteriores fragmentos quisiera entender dos cosas. Que los dos autores, historiadores Posada e Ibáñez, determinaron eliminar parte de los manuscritos, ante la evidencia de la barbarie cometida y presenciada por Caballero. Y que el aspecto descriptivo del segundo párrafo - además de informarnos sobre la última etapa de su vida - nos remite a la imagen de un ciudadano común, que nunca pensó en evidenciar sus escritos, y más bien en conservarlos como prueba de lo que podría ocurrir con la integridad de cualquier patriota como él. Ello, ante la eventualidad de un apresamiento por parte de las tropas realistas. Si la historia registró la dureza de la muerte de tantos hombres y mujeres mártires de la historia revelada de Colombia, la de él, hubiera pasado como la de un rebelde más. Sus escritos, bien guardados, serían el paso a la evidencia que se presentaría a la posteridad, de un soldado más, por la causa de la libertad. Nunca pensó que su diario se constituiría en una importante referencia para la descripción del martirio de los grandes de la patria, y él incluido.

Variadas e interesantes son las referencias históricas que trae el “LIBRO DE VARIAS NOTICIAS PARTICULARES” de don José María Caballero. En anotación de su diario, que hizo dos años después del grito de independencia, precisa que ellas:

“...han sucedido en esta capital de Santa Fé de Bogotá, Provincia de Cundinamarca, sacadas de varios cuadernos antiguos, desde el año de 1743, arreglado lo posible en este año del Señor de 1813, tercero de nuestra transformación política y primero de nuestra Independencia absoluta, con algunos de los que han muerto en estos años y lista de los Virreyes y Arzobispos, Alcaldes y varios acontecimientos, por el ciudadano JOSÉ MARÍA CABALLERO, Subteniente de milicias de infantería de esta capital”.

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Entre tantas menciones, señalo algunas, resaltando que puso especial interés en determinar fechas y eventos o desastres naturales, como terremotos, granizadas y crecientes de ríos y quebradas. Sobre estos eventos, sobresale el que pasó a la historia nacional como el más misterioso, sobre lo cual escribió:

“A 9 de marzo de 1687, estando la noche serena, buena y sin alteración ninguna, como a las diez de la noche, comenzó un extraño ruido en la tierra, en el aire o en el cielo - que al fin no se supo donde fue - el que duró cerca de media hora, de suerte que no quedó persona despierta ni dormida que no lo sintiese”.

Este suceso - tal vez el más comentado e inexplicable en la historia del Virreinato - pasó a la historia como “el tiempo del ruido” y mucho se ha escrito sobre ello. Un quindiano ya desaparecido, el filósofo Uriel Salazar Ceballos, esto expuso en su columna periodística de La Crónica del Quindío, el 15 de marzo de 2014, bajo el título de “EL TIEMPO DEL RUIDO”: “Frente al suceso llegó a conjeturarse varias causas posibles, entre ellas, la intervención de figuras diabólicas, que anunciaban el fin de los tiempos, porque como detalle interesante, mientras sucedía el fenómeno, se percibió un fuerte olor a azufre”.

Como diríamos ahora, Caballero reseñó “sobre lo divino y lo humano”. Las siguientes son otras citas históricas: El incendio del palacio del Virrey en 1786. El terremoto de 1743. El fusilamiento del comunero José Antonio Galán en 1782, con la terrible descripción de su descuartizamiento. La peste de viruelas de 1783. La muerte del rey Carlos III y la jura de Carlos IV. Varios suicidios. La llegada de una lira, instrumento musical desconocido en la Nueva Granada, en 1800.El fastuoso recibimiento del Virrey Antonio Amar y Borbón, en septiembre de 1803. Las primeras presentaciones de teatro y los bailes de máscaras.

No faltaron los hechos curiosos, como la gula que causó la muerte de Don Lucas Mendigaña “...era extraño en comer, su almuerzo ordinario era medio cordero, 4 tortas, 2 docenas de huevos, un jarro de chocolate, media libra de mantequilla, una cazuela de sopa con carne frita y por postre, guiso de pollo” Y, a renglón seguido, su comentario reflexivo: “...Según el almuerzo se puede figurar cuál sería la comida y la cena, pero en todo era con igual abundancia. Lo bueno era que era bastante rico...”.

La parte descriptiva posterior al 20 de julio de 1810 es mucho más precisa y analítica, con respecto al momento histórico. Aunque se debe anotar que faltó - o se extravío - la hoja que narraba lo relativo al 20 y 21 de julio y parte del día 22.

Un suceso muy simpático se narra dentro del desarrollo cronológico de 1814, lo que a juicio de muchos (entre ellos académicos e historiadores) puede dar lugar a que muchos hechos, descritos de forma insulsa, den lugar a que el periodo comprendido después del 20 de julio de 1810 sea denominado con un calificativo especial. Esto relata Caballero para el jueves 18 de julio de 1814:

“...Se mató una gallina en mi casa, que caminaba arrastrando la barriga, muy gorda. Yo habiéndola registrado le conocí que tenía un bulto extraordinario y así la mandé matar... mandé componer dicho huevo para el día siguiente por la mañana; lo hicieron ‘pericos’ que llaman...”

Al pie de la página donde aparece esta curiosa mención de Caballero, los editores del libro de 1973 colocaron el siguiente llamado o cita y en conexión con la obra de 1902: “Bastaría está relación de Caballero para justificarnos de haber llamado este volumen como la “Patria Boba” (Nota de la Academia de Historia)”. 

A este pequeño libro de 1973 le siguieron otras obras escritas, o en versión digital, que se refieren al diario histórico de José María Caballero. Son ellos:

 - “Diario de la Independencia “. Talleres Gráficos Banco Popular.Bogota.1974.

 - “Diario. Biblioteca de Bogotá”. Editor: Villegas Editores.Bogota,1990.

 - “Diario de la Independencia”. Biblioteca Bicentenario de América Latina.Bogota,2010.

En el año 1993, la Televisión Nacional emitió seis capítulos de la serie titulada “CRÓNICAS DE UNA GENERACIÓN TRÁGICA”, recreada en el diario del santafereño José María Caballero. El personaje principal encarnó al sastre Jacobo, representado por el actor Gerardo Calero y basado en la figura histórica del cronista Caballero.


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