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Quindío / ABRIL 17 DE 2023 / 1 año antes

Bajo la amenaza del volcán: así es la vida en 2 municipios cercanos al Ruiz

Autor : Andrés Felipe Ramos Gámez

Bajo la amenaza del volcán: así es la vida en 2 municipios cercanos al Ruiz

En Santa Rosa de Cabal, a casi 30 kilómetros lineales, se puede observar la fumarola del volcán Nevado del Ruiz. Foto : Fotografías cortesía El Diario

Habitantes de la zona rural de Santa Rosa de Cabal y Villamaría siguen con sus labores cotidianas, a pesar de estar en zona de riesgo.

De acuerdo con el más reciente reporte oficial entregado por el Servicio Geológico Colombiano, SGC, se mantiene la alerta naranja por el volcán Nevado del Ruiz, “lo que indica que es probable que en días o semanas haga una erupción mayor a las que ha hecho en los últimos 10 años”.

El Gobierno nacional sigue implementando los planes de contingencia para proteger sobre todo a la población cercana al nevado, hay 22 municipios con una mayor amenaza, distribuidos en los departamentos de Caldas, Tolima y Risaralda.

En la última erupción grande del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985, los flujos piroclásticos emitidos por el cráter Arenas fundieron cerca del 10 % del glaciar de la montaña, enviando 4 lahares que descendieron por las laderas del nevado a 60 kilómetros por hora. Estos lahares aumentaron su velocidad en los barrancos cercanos y se encaminaron hacia los cauces de los 6 ríos que nacían en el volcán.

La población de Armero, en el Tolima, ubicada a poco menos de 50 kilómetros del volcán, fue destruida por esta avalancha. De los  29.000 habitantes, murieron 20.000, pero las víctimas en otros pueblos, particularmente en los municipios de Chinchiná y Villamaría, aumentaron la cifra total de fallecidos a 23.000.

Una vez que el SGC, el pasado 31 de marzo, emitió la alerta naranja se procedió a establecer el mapa de riesgo, donde están incluidos los municipios de Santa Rosa de Cabal, Risaralda, y Villamaría, Caldas. NUEVA CRÓNICA QUINDÍO los visitó recientemente para conversar con las familias y conocer cómo están afrontando el desafío de vivir bajo amenaza.

Ambos municipios son ante todo rurales, viven de la agricultura, especialmente del café y se caracterizan también por la amabilidad de la gente, personas que se encuentran, sobre todo, tranquilas, a pesar de la cercanía con el Ruiz, la declaratoria de alerta naranja no ha representado un contratiempo para sus labores cotidianas.

El Servicio Geológico Colombiano mantiene la alerta naranja, pero la producción agropecuaria no se detiene.

 No obstante, en ambos hay restricciones de movilidad y hay una recomendación de evacuar la zona, aunque no es obligatoria. 

El volcán ruge 

El recorrido inició por Santa Rosa de Cabal, desde donde se alcanza a observar la fumarola del Ruiz, a una distancia lineal de casi 30 kilómetros, no obstante, ha sido poca la ceniza que ha caído en la zona -depende de la dirección de los vientos-, aunque sí se escucha constantemente el rugir de la montaña. 

Diego Fernando Sierra, el guardabosques de la zona santarrosana, confesó que la sensación, por ahora, es de calma: “Las familias que llevan muchos años viviendo acá toman la alerta muy normal. Las que llevan menos tiempo sí están más atentas, especialmente porque ven policías, soldados y organismos de socorro rondando y cuando la  montaña se escucha como un trueno, pero sin lluvia”. 

 Al avanzar más hacia las laderas del Ruiz, desde territorio risaraldense, se encuentra a Rubén Darío Cardona Loaiza, habitante de la vereda El Placer, quien no solo debe procurar el bienestar de su familia, sino de todo su patrimonio representado en 19 gallinas, un perro, 4 caballos y las 54 vacas.

 “Acá las jornadas siguen iguales, no hemos visto ceniza y la labor en el campo tampoco está perjudicada. Sí hemos recibido indicaciones para estar atentos. Ante cualquier novedad con el volcán debemos ubicar los puntos estratégicos o ir al pueblo”, acotó don Rubén, quien permanentemente se está informando de la actividad del volcán con los reportes de radio y televisión.

 Sin embargo, don Rubén reconoce que una evacuación de emergencia no sería factible: “Son importantes las advertencias, pero es que acá tampoco es que tengamos mucho transporte, sería bueno que nos ayudaran con ello”.

Por los lados de Santa Rosa de Cabal, en El Placer, Rubén Darío Cardona Loaiza aseguró estar tranquilo y realiza sus labores sin contratiempos.

 El recorrido sigue, y en la vereda El Porvenir la situación es distinta, pues está a solo 16 kilómetros lineales del Ruiz. Orlando Sierra llegó de Santa Marta, trabaja en la finca ganadera que tiene el mismo nombre del sector y no oculta su preocupación: “Claro que uno piensa en el volcán, porque ha caído ceniza y a veces huele a azufre”.

 Sin embargo, confirmó que los 6 trabajadores de la finca siguen con sus labores y no han contemplado evacuar: “Acá estamos cerca del punto de evacuación, pero tenemos ganado más arriba en Corinto y habría que bajarlo hasta acá”.

Cerca de Villamaría, en Caldas, está la hacienda El Bosque, donde José Albeiro Alba Lancheros se muestra tranquilo, mientras ensilla caballos y mulas.

 “Hasta el momento no se ha sentido mayor cosa, no ha caído ceniza, yo trabajo acá en la hacienda y estamos tranquilos como los demás vecinos de la zona, no ha habido ninguna alteración a la hora de trasladar los productos”.

 Lo que sí pidió fue mejorar algunas rutas de salida: “En La Florida se necesita mejorar la vía, no está en buenas condiciones para salir en caso de una emergencia”.

 Los niños fueron evacuados

 Luego de más de 2 horas de recorrido, bordeando los límites entre Risaralda y Caldas se llega a Villamaría, uno de los municipios más cercanos del volcán Nevado del Ruiz, en 1985 reportó fallecidos tras la erupción.

 A unos 3.800 metros sobre el nivel del mar, Villamaría está una distancia lineal de 12 kilómetros del volcán, allí Walter Vicente, trabajador de la finca La Hortensia, deja ver que, en comparación con los residentes de la parte de Santa Rosa de Cabal, sí hay mayor cautela por la actividad: “Sí hay preocupación, aunque no hemos visto ceniza, quizás por el viento, por ahora todo ha estado normal, seguimos los trabajos en la zona, pero muy pendientes”.

Ante la alerta en la finca decidieron llevar a dos menores de edad con otros familiares: “Uno de ellos fue enviado donde una tía, en la zona urbana en Villamaría, y el otro a Santa Rosa de Cabal, también donde una tía”.

 En Villamaría son frecuentes las visitas de las autoridades para conocer su condición: “Nos hablan de las medidas ya que este es un municipio en zona de peligro, todos los días vemos el volcán desde nuestra casa cuando el cielo está despejado atentos a cualquier cambio”. 

La incertidumbre

A pesar de que la probabilidad de erupción es latente, a los habitantes de las veredas cercanas al volcán le temen también a la incertidumbre, al qué puede pasar una vez, “Dios no lo quiera”, se vean obligados a dejar sus predios.  

“Nos vamos de nuestro hogar, pero qué nos garantiza el gobierno en materia de empleo, nos pagan arrendamiento quizás 2 meses, pero acá en el campo tenemos nuestros animales, lo que hemos conseguido toda la vida y yo no he escuchado qué vendría después de la explosión del volcán”, dijo José Albeiro Alba Lancheros.

 Walter Vicente también opinó en sentido: “Nosotros por la cercanía al volcán, si explota, debemos salir apresuradamente, entonces qué pasará con nuestro sustento. A veces es difícil pensar en irse, uno escucha que el gobierno tiene planes para cuidar a nuestros animales, pero qué tan efectivos y confiables son”.     

 Abastecimiento

 Debido a la lejanía de estas fincas, haciendas y pequeñas viviendas con la zona urbana, por lo general, las familias visitan mensualmente el pueblo para abastecerse. Al llegar a los pueblos compran comida, ropa, combustible, implementos de aseo, herramientas, entre otros productos.

Para ir al pueblo hay disponible servicio de campero, que cobra por ida y vuelta para 4 o 5 familias entre $300.000 y $400.000.

 Así mismo, el gasto mensual de una familia para abastecerse, antes de retornar a su hogar, oscila entre $2 millones y $3 millones, dependiendo del número de integrantes y trabajadores.

Aunque las clases presenciales en los colegios están suspendidas y deben por ahora recibir indicaciones de manera virtual o por medio de guías, en el caso de Villamaría un vehículo demora 3 horas para trasladar a los jóvenes y otras 3 para volverlos a traer.

 


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