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Desde julio de 2026 dirige al Shabab Al-Ordon y promueve un modelo de formación centrado en la comprensión del juego.

Carlos Alberto Echeverry Murillo, de 53 años, comenzó su recorrido en el fútbol en La Tebaida, pasó por las divisiones inferiores del Deportes Quindío y llegó a ejercer como entrenador en Colombia, España y República Dominicana. Desde julio de 2026 dirige al Shabab Al-Ordon, club de Jordania.

Su carrera también ha estado ligada a la formación de jugadores. Entre 2022 y 2024 trabajó en la metodología de las categorías élite de la cantera de Jaguares de Córdoba, donde, según su relato, el proceso alcanzó el puesto 11 entre unas 650 divisiones inferiores del país. Antes de viajar a Jordania, regresó a España para completar su formación como entrenador.

Echeverry cuenta con las licencias Conmebol Pro y UEFA Pro y es coautor, junto con el profesor Álvaro de Jesús Gómez, del modelo de enseñanza-aprendizaje Proceso Táctico-Cognitivo. Su propuesta busca que los futbolistas no se limiten a ejecutar movimientos, sino que comprendan las situaciones de juego y tomen decisiones.

En conversación con La Crónica del Quindío, habló de su paso de jugador a entrenador, los retos de la formación futbolística en el departamento y su experiencia en el fútbol jordano.

¿En qué momento pasó de pensar como futbolista a querer convertirse en entrenador?

En 1995 dejé de participar en selecciones que tenían Primera C y Primera B. Me establecí en La Tebaida con un negocio, una especie de restaurante-bar. Después del terremoto, en el año 2000, me nació la idea de ser entrenador de fútbol.

En esa época tenía equipos propios. Era dueño de un equipo, capitán y también quien lo dirigía. Un amigo, Melquisedec Cortés, me dijo que tenía vocación para ser entrenador. Le presté atención y fui a pedir trabajo a un club llamado Tigreros Football Club. Ahí empecé mi carrera como técnico.

¿Qué buscaba transformar con el modelo de proceso táctico-cognitivo que desarrolló junto con el profesor Álvaro de Jesús Gómez?

El propósito es profundizar en la toma de decisiones e integrar la técnica, la táctica y la preparación física en un proceso de formación.

Para formar futbolistas que comprendan el juego, primero el entrenador debe capacitarse. Debe conocer los espacios, las zonas del terreno, los carriles y los sistemas tácticos. También tiene que estudiar aspectos más específicos, como la posición del cuerpo frente al adversario, el balón y los compañeros.

A esto se suman la coordinación entre los jugadores y la organización colectiva. Finalmente está el plano general, relacionado con la idea de juego y los sistemas tácticos. Buscamos integrar esos elementos para que el futbolista entienda lo que ocurre en la cancha y decida cómo actuar.

¿Cómo entiende el manejo de los futbolistas y de las diferentes personalidades que encuentra en un equipo?

Desde el primer minuto hay que tener un programa y un plan que contemplen la idea de juego y mi estilo de dirección. Me gusta ser abierto con el jugador y decirle siempre la verdad. No venderle falsas promesas, sino explicarle que competirán quienes estén mejor preparados.

Podemos tener una nómina de 30 jugadores, pero solo juegan 11. Todos deben saber que pueden competir internamente, que evaluaremos su rendimiento y que, en cada fecha, jugarán quienes estén preparados para afrontar el compromiso.

También es importante hablar claro, reunirse con los jugadores y escucharlos. Muchas veces cuentan sus problemas y dificultades, y esa gestión es fundamental.

El trabajo tampoco depende únicamente del entrenador. Tenemos psicólogo, médico, preparador físico y asistentes. Entre todos evaluamos las dificultades que presenta cada jugador. Al principio puede ser complejo porque existen egos, diferencias salariales y futbolistas con más recorrido, pero hay que mantener la claridad, la transparencia y las buenas relaciones.

Después de tantos años vinculado al fútbol, ¿qué considera que le falta al Quindío para fortalecer la formación y lograr que más jugadores lleguen al fútbol profesional?

Dividiría el fútbol de mi departamento en dos: el profesional y el aficionado. En el aficionado tenemos una desventaja porque somos un departamento pequeño. La competencia interna es limitada y hay pocos equipos fuertes.

En ligas como las de Bogotá, Valle o Antioquia encontramos cerca de 400, 500 o 600 clubes. La competencia es mucho más amplia. Sin embargo, hay territorios pequeños, como Uruguay, que también producen talento. Por eso insisto en la capacitación permanente de los entrenadores y en mejorar los procesos formativos.

En cuanto al fútbol profesional, considero que los jugadores quindianos deberían recuperar el protagonismo que tuvieron en otras épocas, cuando varios nacidos en el departamento alcanzaron reconocimiento regional, nacional e internacional.

¿Cómo ha sido la experiencia de vivir y dirigir en Jordania y qué ha encontrado en el fútbol de ese país?

Antes de llegar había mucha expectativa por el conflicto que existe en la región. Investigamos y encontramos que Jordania se mantiene al margen del conflicto. Por su ubicación, está expuesta a lo que sucede alrededor, pero nosotros vinimos única y exclusivamente a trabajar.

Hemos encontrado una sociedad amable y segura, con una comunidad muy aferrada a la fe y la religión. Incluso durante los entrenamientos hacemos pequeñas pausas para que los jugadores puedan realizar sus oraciones. También es una cultura que disfruta de los vehículos, el gimnasio, los restaurantes y los espacios para compartir.

En cuanto al equipo, estamos contentos. Es un grupo joven, con un promedio de edad de 21 o 22 años, mientras competimos contra equipos con jugadores de 28, 29 o 30 años. Aun así, estamos siendo competitivos y los jugadores cada vez están más comprometidos.

En la tercera fecha enfrentamos al campeón del año pasado y empatamos 3-3. Llevábamos tres partidos y tres empates contra equipos fuertes, difíciles e históricos. Seguimos trabajando para cambiar esas cifras y conseguir los resultados que buscamos.