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Tras el terremoto del 10 de agosto, la asociación busca recuperar sus herramientas y mantener una alternativa de formación e ingresos para personas con discapacidad.

A los 33 años, un accidente cerebrovascular cambió la vida de Gladys Quintero Correa. Después de años de independencia, tuvo que aprender a desenvolverse con nuevas limitaciones. El encuentro con otras personas con discapacidad la acercó al trabajo colectivo y la llevó a asumir responsabilidades en la Asociación de Discapacitados de Quimbaya (Asodisquim), que preside desde hace más de ocho años.

Desde allí ha participado en gestiones para conseguir capacitaciones, ayudas y oportunidades productivas para sus asociados. Una de ellas es la joyería artesanal, oficio que busca fortalecer como alternativa de formación y generación de ingresos. Sin embargo, el terremoto del 10 de agosto afectó el taller de la asociación, cuyas herramientas permanecen parcialmente en el edificio de la Alcaldía de Quimbaya, según cuenta.

Quintero también participa en espacios comunitarios relacionados con la discapacidad y trabaja para que las personas de este grupo poblacional tengan oportunidades de empleo y acceso a servicios. Su propósito es recuperar el taller y dejar las bases para que otras personas continúen enseñando y practicando el oficio.

¿Cómo cambió su vida después de adquirir la discapacidad a los 33 años y qué le permitió salir adelante?

Fue muy duro. Los primeros dos años fueron difíciles porque prácticamente todo me lo tenían que hacer. Me daba mucha pena salir con el caminador, que todavía utilizo. Lo que me ayudó a no dejarme caer ni encerrarme fue conocer la asociación. Don Edgar Aristizábal, quien la había creado, se enteró de mi situación, fue a visitarme y después me invitó a conocer el grupo.

Conocí a personas con diferentes discapacidades, algunas muy complejas, y eso me hizo tomar conciencia de mi situación. Fue una lucha interna porque siempre había sido independiente. Desde niña había trabajado para subsistir y, de repente, pasé a depender de otras personas.

Mi hermana siempre me decía que la enfermedad había sido una bendición para mí, y hoy pienso que sí. Ahora me gusta ayudar. Ser presidenta de la asociación me permitió entender que podía hacer muchas cosas por los demás y participar en espacios sociales.

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¿Qué significa para usted llevar más de ocho años al frente de Asodisquim?

Es una responsabilidad muy grande. Cada año debemos cumplir varios procesos para mantener legalizada la asociación: renovar el registro ante la Cámara de Comercio, presentar los estados financieros y la declaración de renta, y realizar los trámites ante la Gobernación del Quindío, una de las entidades que nos vigila.

Cuando volvemos a conformar la junta directiva, las personas confían en mí y me eligen. Me gusta participar y trabajar por la comunidad.

Tenemos un grupo dedicado a la joyería artesanal y hemos realizado capacitaciones con el SENA, la Cámara de Comercio, Artesanías de Colombia, la Gobernación del Quindío y otras entidades.

También gestionamos apoyo para quienes necesitan viajar a otros municipios o departamentos para asistir a citas médicas. Buscamos elementos de locomoción y otras ayudas que mejoren las condiciones de vida de nuestros asociados.

¿Cuáles son las principales dificultades que enfrentan las personas con discapacidad para acceder a la salud, la educación y el empleo?

Hay dificultades en todos esos aspectos. Muchas citas con especialistas deben realizarse fuera de Quimbaya. Para una persona con discapacidad y su familia, viajar hasta Armenia puede costar $160.000, ida y regreso. No todos cuentan con ese dinero.

En algún momento recibimos un apoyo importante de la administración municipal para el transporte, pero ahora la situación es más difícil y el terremoto la complicó aún más.

También está el acceso al empleo. Muchas personas con discapacidad y familiares de personas con discapacidad se quedaron sin trabajo. Algunos tenían actividades económicas en el parque principal de Quimbaya y, debido a los daños del terremoto, perdieron esos espacios.

¿Cómo afectó el terremoto del 10 de agosto a Asodisquim y qué están haciendo para recuperar el taller?

El terremoto nos afectó bastante. El taller de joyería artesanal estaba en el tercer piso de la Alcaldía de Quimbaya, que sufrió daños, y todavía no hemos podido recuperar todas las herramientas.

Al principio nos permitieron entrar para sacar algunas cosas y protegerlas del agua, porque los techos se cayeron y había elementos bajo los escombros. Después retiramos algunos motores fijados al suelo, pero tuvimos que salir de nuevo porque las escaleras están en malas condiciones y hay riesgos para quienes ingresen.

Calculamos pérdidas cercanas a los $16 millones por los daños en el taller. Tenemos parte de los elementos en un lugar protegido de la lluvia y buscamos cómo retirar lo que aún permanece en la Alcaldía.

Una persona de Quimbaya nos prestó un espacio en una finca para guardar el taller. Estamos tratando de adecuarlo para trasladar las herramientas y continuar trabajando.

¿Qué sueño quiere dejarles a las próximas generaciones desde Asodisquim?

Quiero seguir adelante, trabajar por la comunidad y sacar adelante el taller. No quiero que el proyecto se acabe conmigo.

Artesanías de Colombia nos ha acompañado y está programando nuevas capacitaciones para personas con discapacidad, madres cuidadoras y madres cabeza de familia. Queremos que más personas aprendan el oficio y fortalecer nuestra producción.

Ya soy maestra artesana. El año pasado tuve la oportunidad de mostrar nuestro trabajo y recibí el certificado como maestra artesana. Por eso también me considero una mujer soñadora.

Sueño con tener mi propio taller bien organizado y seguir enseñando joyería artesanal. Quiero que, en unos diez años, tengamos una escuela de joyería artesanal posicionada en el Quindío.

No quiero que sea una escuela exclusiva para personas con discapacidad, sino un proyecto que forme a muchas personas y permita que el oficio continúe cuando nosotros ya no estemos.