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Reconfirmado

sábado, 17 octubre 2026

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Las lluvias de septiembre y octubre no cambian el pronóstico. El fenómeno de El Niño se extenderá hasta 2027 y exige del Quindío hábitos que duren más que una temporada.

El océano Pacífico alcanzó una anomalía récord de 3,49 °C en su temperatura superficial, el punto más alto de un calentamiento sostenido que llevó al Ideam a declarar oficialmente el fenómeno de El Niño en Colombia. Sus proyecciones le asignan un 83 % de probabilidad a una intensidad entre fuerte y muy fuerte al menos hasta marzo de 2027, con un escenario que lo extiende hasta finales del primer semestre de ese año.

Por eso es necesario concientizarse que los aguaceros del último mes no desmienten el diagnóstico. Octubre y noviembre corresponden a la segunda temporada de lluvias en la región Andina, y la entidad advirtió que este año las precipitaciones quedarán por debajo de lo habitual. Un cielo encapotado invita a bajar la guardia justo cuando las cuencas necesitan acumular reservas para los meses secos que vienen.

Los episodios de 2015-2016 y 2023-2024, que la UNGRD toma como referencia para esta temporada, dejaron racionamientos de agua en numerosos municipios e incendios que consumieron miles de hectáreas. Basta con recordar que este año Filandia y Circasia tuvieron que afrontar cortes en el servicio de acueducto, mientras que Pijao y Génova sufrieron con las conflagraciones en el sector rural. El mensaje entonces es recalacar que el desabastecimiento se previene en los meses de abundancia y no en los de escasez.

El uso eficiente del agua no puede depender del pronóstico de la semana. Cerrar la llave, reparar fugas, reutilizar el agua de la lavadora y recoger la lluvia para el riego son prácticas que deben quedarse en hogares, comercios y fincas desde ahora y mucho después de que El Niño se disipe. Lo mismo vale para el fuego. La mayoría de los incendios forestales en Colombia tienen origen humano, y en un territorio de guaduales, bosques de niebla y potreros, una quema agrícola mal controlada, una fogata o una colilla bastan para arrasar una vereda.

La Ley 1523 de 2012 hace de la gestión del riesgo una responsabilidad de todas las autoridades y de todos los habitantes. A los alcaldes les corresponde convocar sus consejos municipales de gestión del riesgo, actualizar planes de contingencia, asegurar fuentes alternas de agua y mantener vigentes los convenios con los bomberos antes del 30 de noviembre; a la Gobernación, acompañar a los municipios con menos capacidad. A la ciudadanía le toca exigir que esos compromisos se cumplan y cumplir los propios: reportar a tiempo cualquier conato de incendio, evitar quemas y seguir las recomendaciones oficiales.

El Niño pondrá a prueba la capacidad del Quindío para organizarse antes de la emergencia. Un departamento que cuida sus fuentes en temporada de lluvias, vigila sus bosques y convierte el ahorro en costumbre llegará al verano con ventaja. La tarea empieza hoy, en cada casa y en cada vereda, y su recompensa durará más que cualquier fenómeno.


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