Opinión / NOVIEMBRE 03 DE 2022

Quiero el país, pero ¿para qué?

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Viendo la crisis del país, de la cual no se pueden desconocer unas razones válidas, delicadas y de gran peso, parte de la mista está dirigida o camuflada por intereses temerosos y por razones jurídicas, económicas y otras como el OCAD-PAZ o la Sociedad de Activos Especiales. Esto me recuerda las críticas del papa Francisco a la clase política por jugar y engañar con sueños lindos pero difíciles de cumplir y aprovechándose de las necesidades, además del poco interés que el pueblo da a lo público. Las mentiras de ayer se convirtieron en el dolor del pueblo de hoy, que ya los tocó, sin querer. 

Así está el país, rodeado por 2 o más grupos o partidos políticos. Unos pretenden mantener su dominio y control de años y otros piden ajustes básicos no atendidos, generando dudas. En vez de dar soluciones conducen a miradas diferentes sin razón alguna y a generar desconfianza. La ciudadanía que votó por un cambio identifica unos congresistas con una actitud que hará difícil hallar el camino para ajustar las desigualdades e injusticias, a pesar del daño que siguen haciendo por no corregir; ejemplo de ello: las pensiones de expresidentes y d miembros del alto gobierno. En la reforma tributaria en trámite no se tocan esas excepciones, increíble. 

La actualidad está enmarcada por congresistas sin ética y procesos jurídicos. Hay un pueblo que luchó por el juego limpio, es el momento de construir y no de insultar, hay que dejar a un lado esas ideologías e intereses que hoy dividen y dañan el país. Si es verdad que existe interés de patria, recapacitemos y preguntémonos ¿Quiero el país? ¿Para qué me sirve? 

Para hacer ajustes al país, en ningún momento se requiere nacionalizar, ni expropiar, ni robar, ni privilegiar, ni destruir a nadie o ser de un partido; solo se requiere una sociedad con ganas de servir y mucha voluntad de aportar al cambio. Mientras el pueblo siga guiado por líderes indeseables, sin aprovechar el valor humano y calidad profesional de los colombianos (jóvenes y adultos), nunca habrá ajustes reales, pues siempre hallarán apoyos de ese pueblo borrego guiado por los que les dan solo migajas para subsistir. 

Soñar no cuesta nada, pero sueño con el día que los congresistas decidan trabajar unidos, recapaciten y reconozcan que fueron elegidos para servir y no negociar para beneficio de ellos; anhelo el día que escuchen de verdad al pueblo sobre la urgencia del cambio al país. Si Dios lo permite y si ese día llega, saldrán millones de colombianos gritando a dos voces: recuperamos la Colombia perdida que nuestros abuelos y padres nos dejaron. ¿Cuánto se demorarán?


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