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Historia / MAYO 02 DE 2023 / 11 meses antes

El impactante relato del día en el que 'reventó' el Nevado del Ruiz, hace 428 años

Autor : Álvaro Hernando Camargo Bonilla / Especial para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO

El impactante relato del día en el que 'reventó' el Nevado del Ruiz, hace 428 años

Foto : EFE

En Colombia existen 30 volcanes, la mayoría en la codillera Central, entre ellos el Nevado del Ruiz, conocido en la época precolombina como Cumanday, hoy del Ruiz, seguramente en honor a un ibérico que residió en Ibagué, de nombre Alfonso Ruiz de Sahajosa.
 

El volcán Nevado del Ruiz devastó en 1985 a Armero y ocasionó gran daño y crecido número de muertos en Villamaría y Chinchiná. Su accionar geológico ya había originado otras avalanchas devastadoras, entre ellas, la del 12 de marzo de 1595, en plena época Colonial, y la de 1845.

A continuación, rememoramos el evento explosivo del 12 de marzo de 1595, registrado en la obra denominada: Noticias de las conquistas de tierra firme.

La crónica de fray Pedro Simón refiere el momento en que el volcán de Cartago, como se citaba entonces, explotó, convirtiendo los ríos Lagunilla y Gualí en monumentales masas de fango que dejó infecunda la tierra durante largo tiempo. Fray Pedro Simón describe que, al occidente de Mariquita, aproximadamente a 48 kilómetros de distancia, a lo alto de la denominada mesa de Herveo, situada la cordillera de los Andes, se divisaba un altísimo volcán, cubierto de nieve y que solo en tiempo despejado se podía de ver, gracias a su penacho permanentemente cubierto de nieve y del que de su cumbre se veía emerger perennemente una monumental estela de humo, y que en las más oscuras noches resplandecían las emisiones de piedra pómez, azufre y arena menuda que se depositaban a muchas leguas de distancia de sus contornos, en especial sobre Mariquita.

Antaño reventó el volcán, evento que se vio y oyó el domingo 12 marzo del año 1595.  Ese día se sintieron tres estruendos sordos, como disparos de mortero, tan estridentes que se escucharon en un contorno de más de treinta leguas. Las detonaciones causaron avalanchas de los ríos Gualí, que cruza por Mariquita, y el Lagunilla, ubicado a cinco leguas de Ibagué, a causa del derretimiento de la nieve provocada por la incandescencia de los flujos piroclásticos y lava, expulsados por el volcán, materiales que abrieron un boquete de más de media legua de ancho, dejando al descubierto mucha piedra, arena y profuso olor a azufre en su camino.

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El candente magma produjo el deshielo de la nieve, arrastró enormes cantidades de rocas, tierra y árboles, que, sin detenerse, fueron arrastrados con tal impulso, para luego represarse, lo que generó una asombrosa avalancha que parecía una gigantesca ola de ceniza y tierra, con un fétido olor a azufre que no se podía soportar. Por los dos ríos, siendo más notable la creciente del río Lagunilla que la del Gualí, se desplegaron las avalanchas, todos los peces murieron. Fue tanta la furia que, desde sus nacimientos en la cima, hasta su desembocadura en el río Magdalena, arrastraron inmensas rocas, de tamaño descomunal, que quedaron desplegadas por la sabana, por más de media legua de distancia.

Las avalanchas arrastraron todos los ganados que encontraron a su paso, en un espacio de más de cuatro leguas; avalancha que se extendió hasta entrar a las aguas del rio Magdalena, incendiando de tal manera las tierras por donde pasaba, y que solo hasta pasado un tiempo considerable, no había vuelto a retoñar sino algunas hierbas y espartillos.

Descripción del suceso

 “Entre esta ciudad y el poniente, á diez y seis leguas de distancia, á donde parte términos con la de Cartago por partes montuosas y partes rasas, está un volcán, el más notable de este Reino, el cual es un cerro redondo nevado, altísimo, que de pocas partes del Reino se deja de ver en tiempo sereno, por la nieve de que está cubierto toda la vida; por cuya cumbre, y entre aquella envejecida nieve, está siempre saliendo una pirámide de humo, que se ve algo encendida en las más oscuras noches. Los rastros do piedra pómez, azufre y arena menuda negra que hay á muchas leguas de sus contornos, en especial á la parte de esta ciudad de Mariquita hasta el Río Grande, dan claras muestras de haber en otros tiempos reventado este volcán por cumbre y sembrado todas estas cosas; pero la reventazón que con evidencia vieron y oyeron los de este Reino fué á doce de Marzo, domingo de Lázaro del año de mil quinientos noventa y cinco (1595), como á las once del día, cuando dio tres truenos sordos como de bombarda, tan grandes que se oyeron más de treinta leguas por toda su circunferencia, causados de haber reventado esto cerro por bajo de la nieve por el lado que mira al Este y nace este río Gualí. Abrió de boca más de media legua, en que quedó descubierta mucha piedra azufre, y debió sin duda hacerse la reventazón por el lado y faldas que siempre las tenía abiertas por muchas partes, á causa de que debe de tener fuego muy profundo, y la boca de la cumbre angosta, y poder por allí vomitar tanta maleza como arrojó en esta ocasión. En la parte pordonde reventó ahora tienen su principio dos famosos ríos, el que hemos dicho de Gualí, vecino á esta ciudad, y otro mayor que él, á cinco leguas camino de Ibagué, que llaman el de la Lagunilla, ambos, como hemos dicho, dé la nieve que se derrite de lo alto. Estos debieron de atajarse con la tierra que arrojó la reventazón, y rebalsando algún tiempo sus corrientes, salieron después con tanto ímpetu, ayudado por ventura de nuevas fuentes que se abrieron en esta ocasión, que fué cosa de asombro sus crecientes, y el color del agua que traían, que más parecía que agua, masa de ceniza y tierra, con tan pestilencial olor de piedra azufre que no se podía tolerar de muy lejos. Abrasaba la tierra por donde se extendía el agua y no quedó pescado en ninguno de los dos que no muriese. Fué más notable esta creciente que en el río de Gualí, en el Lagunilla, cuya furia fué tal que desde donde desemboca por entro dos sierras para salir al llano, arrojó por media legua muchos peñascos cuadrados, en que so echó de ver su furia más que si fueran redondos, y entre ellos uno mayor que un cuarto de casa. Ensanchóse por la sabana más de media legua de distancia por una parte y otra, mudando por la una de nuevo la madre, y anegando la inundación todo el ganado vacuno que pudo antecoger en cuatro ó cinco leguas, que fué así extendido hasta entrar en el de la Magdalena, abrasando de tal manera las tierras por donde iba pasando, que hasta hoy no han vuelto á rebrotar sino tal y cual espartillo. No se sabe haber hecho otros daños”.

Fuente: FR. PEDRO SIMÓN. LAS CONQUISTAS DE TIERRA FIRME EN LAS INDIAS OCCIDENTALES. PARTES SEGUNDA Y TERCERA. CAPÍTULO XLI. PÁG.127 a 128. CASA EDITORIAL DE MEDARDO RIVAS. BOGOTÁ 1892.


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