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Historia / FEBRERO 04 DE 2024 / 2 meses antes

Me encontré en la vida con… Margel Londoño Echeverry

Autor : Gabriel Echeverri González

Me encontré en la vida con…  Margel Londoño Echeverry

Autora de cuatro volúmenes de poesía publicados, inédita quedó su quinta obra.

Distinguida poeta y ciudadana de fervor cívico, nacida en Circasia el 16 de diciembre de 1929 y fallecida el 12 de junio de 2019, sus padres Manuel Londoño Parra y Elisenia Echeverry Gómez, agricultores venidos de Salamina, compraron tierras en la vereda Piamonte de Circasia; en dicho hogar cinco hijos: Alvar, que se desempeñó como solista de tiple y profesor; Agobardo, campesino y agricultor; Ruby, conocida dirigente regional, quien durante toda su existencia asumió compromisos cívicos, políticos, culturales, defendió los derechos de la mujer, ejerció liderazgo en el sector cafetero de Quimbaya y Alcalá, perteneció a las juntas administradoras de las cooperativas cafeteras de dichos municipios, además fue concejal de Quimbaya en dos períodos; debe recordarse que fue la señora madre de Manuel Londoño, conocido abogado y ejecutivo de la región, ya fallecido; Ciebel, caficultor y comerciante, y Margel.

Cursó sus estudios básicos en Circasia hasta tercero de primaria, con el apoyo de su tía Clara Londoño Parra. Muy joven viajó a la finca San Felipe en Alcalá donde se radicó la familia.

Contrajo matrimonio con José María Londoño Londoño, en dicha unión no hubo hijos, a los 35 años de edad, sin hijos y viuda, se dedicó a criar a doce sobrinos y a sus descendientes, a las obras cívicas y a la poesía.

Civismo hervidor

Dedicada a labores humanitarias y sociales, perteneció a entidades cívicas como las Damas Grises, valiosa entidad encargada de aliviar el dolor de los enfermos; hizo parte activa del Club de Jardinería en Quimbaya con la distinguida señora Luz Marina Arcila; es de anotar que dieron inicio al famoso festival de luces y faroles que distingue a Alejandría en el concierto nacional.

Su dedicación a la jardinería la hizo ganar concursos y ser designada juez nacional en ese campo.

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En compañía de su gran amiga y poeta Luz Dary Salazar de Pinilla y de otros amigos de la cultura, creó el Centro Cultural de Artistas de Quimbaya, una valiosa experiencia que le permitió sembrar la semilla de la escritura en niños y jóvenes del municipio. Asistió con regularidad a los talleres literarios de la poeta antioqueña Marga López, aprendió algunas técnicas de redacción y del necesario vuelo poético.

Poeta di paso

Autora de cuatro volúmenes de poesía, inédita quedó su quinta obra que reposa entre numerosos escritos, manuscritos en manos de su sobrina Ruby y de su familia: Voces del silencio, 1994; Puertas del viento, 1996; El valle de los soles y Vuelo de las campanas, 2004. Su inspiración fue la naturaleza, su profundo amor por las flores que cultivaba durante todo el año, con mucho esmero y cuidado, la flor del baile, que solo florece una vez al año, que la poeta soñaba como su mejor poema. Asistir a la presencia de esa flor muy viva al amanecer, pero que desaparecía por la noche, hasta el otro año, le causaba viva impresión.

Sus maestros

Los brillantes intelectuales Carlos Fernando Gutiérrez y Umberto Senegal conocieron algunos de sus poemas y su vocación literaria y le dieron apoyo y acompañamiento: corregían sus textos y a partir de sus observaciones, quedaba el libro listo para ser publicado. Se trató de una excelente colaboración que ha distinguido a Gutiérrez y Senegal como mecenas de las nuevas figuras de la literatura regional.

Senegal consideraba a su poesía como “semblanza lírica de las pequeñas cosas que habitan la geografía interior y local de la escritora”, en el prólogo al libro Vuelo de Campanas, señala que la poeta no aspira a vanas glorias literarias, sino a revelar, para sí misma y para quienes la lean sin prejuicios, el diario espectáculo de los seres y de las cosas.

Voces del silencio

Una de sus obras más significativas: Las voces del silencio / se apagan sin sonido, /buscando en los recuerdos / el fondo del olvido, / transitan en las sombras / de mi vieja nostalgia, / son luces apagadas / en noches estrelladas /.

Editado por publicaciones Kanora en 1994, con prólogo del maestro Gustavo Álvarez Gardeazabal: “Este libro no es una sinfonía Bethoveniana, ni mucho menos una sonata Chopiniana, es la expresión del soplo del viento, de la doliente rosa, del vapor de los sueños, de las atmósferas tibias”.

Otra muestra de su libro Voces del silencio: Aquí hace frío / mi existencia / está dormida. / Las gotas de lluvia / humedecen mi piel / y la luna / con su resplandor / suspira un poema. / Esta noche quiero / expandir / la existencia mía /.

En su obra El valle de los soles: Detrás de la colina / quedó el misterio/ que ilumina el paisaje. / La luna / busca en el silencio / las huellas del crepúsculo, / que habita / la soledad del majestuoso / valle de los soles /.

En puertos del viento: Soy testigo fiel / de algunas sombras / que cruzan los instantes / del camino / y asombran la soledad del peregrino /.

En Vuelo de campanas: Me afané cultivando/ un bosque de sueños / para obtener / el canto tranquilo / de las primeras horas. / Regresé humilde / a mi cabaña, / donde residen/ las soledades del alma/.

La joven literata Anid Jocabed Martínez publicó una selección de 16 poemas de Margel Londoño, entre ellos el Colibrí: Hay profusión / de luces y colores alados/ danzando / cerca de mi ventana. / Se oye el suave rumor / de alas en la rosa, / que ofrece / un cáliz de miel / y aromas, / en el instante/.

Condecoraciones

Primer puesto en exposición floral, gobernación del Quindío, 1982; VI Encuentro de poetas quindianos, Circasia 117 años; Reconocimiento del Festival de velas y faroles; Alcaldía de Armenia, Fomento y Turismo, fiel exponente de la lírica regional, octubre 1984; Comité organizador de las fiestas de Quimbaya; Primer puesto exposición de flores y hortalizas, municipio de la Tebaida, agosto 14 de 1996; recibió mención especial de la gobernación y de otros municipios.

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Margel Londoño Echeverry fue una destacada poeta que sobresalió al escribir a las pequeñas cosas, con la pretensión lírica de dejar su alma en los textos. Cantora desde niña, con una educación básica, fue una soñadora y oteadora de los bellos paisajes de su tierra, la señorial ciudad de Quimbaya que tanto amó, demostrando con alegría y tesón su poesía y su amor cívico. Una dama que, a pesar de publicar los manuscritos en la edad madura, supo demostrar su talento, su amor por la tierra y la fe inquebrantable en sus conciudadanos.

Con su sobrino, académico y amigo Hernando Alberto Gómez Londoño hemos recorrido las ricas facetas de la vida y de la obra de su distinguida tía, una dama que, con la palabra bien escrita, supo expresar los sentimientos de la vida cotidiana, las emociones de la naturaleza y de la vida, sin descuidar su valiosa participación en el civismo de su ciudad. No puedo esconder mi alegría y contento interior, al repasar sus poemas, la voz genuina de nuestra tierra, el canto profundo de una artista deslumbrante.


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