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Historia / FEBRERO 04 DE 2024 / 3 semanas antes

Acciones para la apropiación, difusión y salvaguarda del Paisaje Cultural Cafetero en el Quindío

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Acciones para la apropiación, difusión y salvaguarda del Paisaje Cultural Cafetero en el Quindío

Tumbas de cancel del Instituto Quimbaya.

El Quindío es un departamento que no tiene en cuenta los aspectos y lineamientos de un Patrimonio Mundial, del cual hace parte como integrante  de la región del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia, conocido como el PCC e incluido en la Lista de Patrimonio Unesco. El PCC es más bien un cliché para atraer visitantes o para potenciar el comercio que, día tras día, se convierte más en el impulsor de la órbita financiera del turismo masivo en el que se ha visto inmerso el departamento. En los almacenes de  las franjas turísticas de sus municipios ya no se ven los productos autóctonos. Como ocurre igualmente en lo arquitectónico, cuando vemos que se han perdido los materiales originarios, al destruirse la tradición del bahareque. Las casas antiguas que respaldan la tradición constructiva se van al suelo sin tener en cuenta el valor de excepcionalidad que tienen esas viviendas.

Se habla mucho de la falta de un sentido de apropiación social del Patrimonio Cultural que identifica al PCC. Esta categoría - la de Apropiación Social - es también un término que se presenta en la discusión del cuidado y salvaguarda de cualquier Patrimonio Mundial. A decir verdad es desconocido ese significado por los habitantes. El Convenio Andrés Bello, organización aglutinante de algunos países miembros de Iberoamérica, en aras de la integración educativa, científica, tecnológica y cultural, así define ese término:

“...La apropiación social, en sentido genérico, se refiere a las manera como una sociedad reconoce, siente, cuida, recupera, estudia, valora y estudia su Patrimonio, expresando así su sentido de pertenencia. No hay duda alguna que estas acciones conducen a la permanencia de un sentimiento de cuidado, preservación y sostenibilidad del Patrimonio en todas sus forma, en los pueblos y sociedades”. (Plegable “Somos Patrimonio”, año 2000).

Las siguientes son las situaciones de los municipios turísticos del Quindío, que corresponden también a la necesidad urgente de acometer acciones para la apropiación, difusión y salvaguarda del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia:

Filandia

No es solo el turismo de miradores la práctica determinante en la Colina Iluminada del Quindío para visibilizarlo como municipio PCC. También son vitales sus tradiciones culinarias y agropecuarias o la visita a cuatro de sus espacios de exhibición cultural. Ellos son el  Museo del Disco y la Música, el archivo fotográfico e Histórico, el Centro de Interpretación del Bejuco al Canasto y el Museo Casa de los Abuelos. Se añaden a ese recuento las artesanías de cestería, a partir del trenzado de varias clases de bejucos y que se han constituido en factor preponderante de las identidades culturales diversas. Y también están los eventos que recrean la historia, como el Festival Camino del Quindío.

Todo ello corresponde al conjunto de atractivos culturales que, en la “Cuna del Canasto Cafetero”, se quiere enseñar a sus visitantes como la parte amable y humana del PCC. Donde tampoco puede faltar la realización de un recorrido arquitectónico , también llamado la Ruta del Bahareque. Hace poco la Fundación Guaicamarintia instaló diez placas en la fachadas de igual número de casas tradicionales. Y ello hace parte de un propósito que han denominado la “Señalización Interpretativa del Bahareque”. La historia, el recuerdo de las experticias de los primeros constructores de aquellas viviendas y la singularidad de sus detalles muestran esa faceta oculta de un turismo cultural que todavía es esquivo en su implementación.

En Filandia, un producto llama poderosamente la atención de los clientes consuetudinarios de expendios de los cultivos de pancoger. Habitantes y  turistas los apetecen por su origen sano y orgánico en los mercados campesinos que se instalan durante algunos fines de semana alrededor de la plaza principal. Se trata de las almohadas de carbón de guadua. Las fabrica y vende un sencillo campesino llamado Ovidio Ramírez. Pregona él sus bondades terapéuticas, pero lo más importante de ese emprendimiento es el ánimo y convencimiento de su noble oficio, basado en lo agroecológico, como fuente de riqueza.

Salento

En el “Municipio Padre del Quindío”, poco a poco, el levantamiento de un mirador construido con altivez por los inversionistas turísticos, toma fuerza frente a la imponencia de la naturaleza. Eso ocurre con el que ha recibido varios nombres por los visitantes. Lo llaman el “Mirador Mano de Acaime”, la “Mano de Dios” o “Manos de Cocora”. Es una estructura en forma de mano que se muestra soberbia en medio de la hermosura que siempre ha demostrado el paisaje natural del Valle de Cocora. Igual ocurre en Filandia con el Mirador Encanto - también llamado la “Mano del Artesano” - y que se construyó frente al paisaje que mira hacia el norte del municipio. En ambos casos los curiosos miradores que representan manos son, sin duda, los más llamativos atractivos que ofrecen en la actualidad ambas poblaciones del Quindío.

Ello, poco a poco, desplaza otros asuntos de interés del turismo no convencional. En Salento(la “Cuna del Árbol Nacional”) ya está en peligro la integridad de la palma de cera. Y otros componentes del Patrimonio Cultural también pasan a segundo plano. Por eso es importante destacarlos y proponerlos de nuevo, como acciones para visibilizar la esencia del PCC de Colombia.

La arriería, con sus implementos, así como las tradiciones del conglomerado campesino de Salento, son los aspectos que deben valorar la importancia del PCC. Ello representaría mostrarse al mundo, otra vez, con el valle de Cocora mejor cuidado, con sus personajes populares y con las elaboraciones del Patrimonio Inmaterial. Y sin olvidar los detalles del Patrimonio Arquitectónico, representados en los vestigios del bahareque.

Entre los elementos de ese plano patrimonial, entre otros, se encuentran el jabón de tierra de  la vereda “El Agrado” y los productos de la culinaria local, que nos recuerdan al Salento de antaño. También se destacan las historias de las singularidades de sus casas más que centenarias, como aquellas que recuerdan la entrada del jinete, montado en su caballo, por la puerta alta, para dirigirse al patio de atrás donde estaba la caballeriza. Todo eso hace parte de la añoranza rural, de las tradiciones que hoy se ven amenazadas por el turismo avasallador.

Quimbaya

La realidad turística de este municipio ha girado, en los últimos 25 años, en torno del Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria, más conocido como Panaca. Es de obligada visita este parque temático y por eso los turistas llegan hasta el núcleo central de Quimbaya y se aprestan a tomar el transporte hacia ese lugar del sector rural, donde la infraestructura turística cuenta, incluso, con instalaciones hoteleras. Mientras que otros visitantes llegan en sus carros particulares, utilizando las vías y variantes desde Cali, Pereira, Armenia y Filandia, sin necesidad de ingresar al centro urbano.

Ello lleva a ignorar otros componentes de Quimbaya. Se le ha conocido por la fiesta de Velas y Faroles o Fiesta de las Velitas del 7 y 8 de diciembre. Pero también se ha mencionado en la historia  de Colombia, porque en su jurisdicción fue hallado el conjunto funerario prehispánico que hoy se conoce como el Tesoro Quimbaya. Aunque en el momento de su saqueo - año 1890 - ese paraje se llamaba La Soledad y pertenecía al territorio de Filandia. No obstante, esto último ha permitido que sus habitantes se apropien de los aspectos culturales relacionados con el pasado indígena y hace años el municipio era conocido con la perífrasis “Luces y Arqueología”. Sin embargo pocos turistas ingresan a su Casa de la Cultura, donde se exhibe una importante muestra de cerámica y líticos, correspondientes a los Periodos Temprano y Tardío de aquellos grupos que poblaron el valle medio del río Cauca hace más de dos siglos.

En su parte urbana, otro conjunto arqueológico se destaca. Se trata de  lajas de piedra antigua, llamadas estructuras líticas por los antropólogos. Pero más conocidas por los habitantes como “tumbas de cancel”. Fueron halladas de manera fortuita en el año 2000, al interior de un plantel educativo, el Instituto Quimbaya. Su proceso de conocimiento  y protección del yacimiento viene desarrollándose en unión con la institucionalidad, la comunidad y los estudiantes, para proteger el sitio, el único que se salvó del saqueo que se dio después del terremoto de 1999. Este rescate y su proceso educativo han mantenido el interés de un colectivo, liderado por una docente del colegio, Martha Lucía Arias, lo que llevará algún día a constituir allí un museo de sitio y mostrar al mundo la potencia de uno de los atributos del PCC, el Patrimonio Arqueológico. Mientras tanto, al sitio “Tumbas de Cancel” del Instituto Quimbaya”, que irónicamente se encuentra al borde de la carretera que de Quimbaya conduce a Alcalá, tampoco ingresan los turistas. Pues se dirigen raudos, en sus vehículos, hasta Panaca.

Montenegro

Como ocurre en Quimbaya, al perímetro urbano de este municipio no ingresan los turistas y visitantes, pues pasan directamente en sus automotores hacia el Parque Nacional de la Cultura Cafetera, atractivo internacional que se encuentra en su jurisdicción. Aún más, Montenegro es conocido más por ese parque temático y no por las características patrimoniales que posee en su centro municipal, pero que nadie visita.

El reconocimiento de la bella población que se ha llamado el “Asiento de la Cultura Cafetera” podría configurar lo siguiente:

Un recorrido arqueológico, turístico y  educativo, alrededor de un espacio museal especial. Se trata de poner en valor la exhibición del vestigio prehispánico más antiguo del departamento. Se le conoce como “punta de proyectil”, artefacto de piedra, con una edad estimada de nueve mil años de antigüedad y que se encuentra, olvidado e ignorado, al interior de la pequeña muestra de cerámica prehispánica de la Casa de la Cultura.

Pero, también, Montenegro puede lograr un mayor nivel de apropiación social de sus bienes patrimoniales, para hacerse visible en el marco del PCC. Sería a partir de otros dos elementos: sus murales de los rasgos cafeteros y del paisaje rural, que están en riesgo de ser suprimimos por la renovación urbanística. Igual que pasó con las casas de bahareque, que se demolieron a pesar de haber sido incluido el centro urbano de Montenegro en el área principal del PCC.

Y un empoderamiento instalado en el Parque de la Familia, relacionado con una bóveda celeste y el montaje aeroespacial y astronómico que se instalaron en el interior de las oficinas administrativas. Como ocurre con la muestra de la Casa de la Cultura, ese atractivo educativo de la órbita astronómica no se ha socializado lo suficiente.

Además, durante los fines de semana, conjuntos de música y baile campesinos se recrean en su parque principal. Algo que refleja los últimos destellos de la vida de la provincia.

¿No reconoceremos estas expresiones para enaltecer la esencia popular del PCC?

Circasia

El Cementerio Libre es un monumento arquitectónico y funerario destacado que aporta al reconocimiento de este municipio, dentro de las características del PCC y en la esfera del Patrimonio Inmaterial.

Pero hay algo que también se destaca en esta población y que se relaciona con la cultura popular. Se trata de la elaboración de objetos tradicionales a partir de fibras, bejucos, calceta de plátano y otros materiales vegetales. En realidad son ya muy escasos los cesteros que se dedican a esa labor, si bien constituyó Circasia, junto con Salento y Filandia, el triángulo de la elaboración artesanal de canastos de bejucos y que llevó a que dicha manufactura fuera elevada a la condición de Patrimonio Inmaterial del Quindío, a partir de una Ordenanza de la Asamblea Departamental.

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Los atributos del PCC deben responder a la necesidad que se tiene de perseverar  en los valores de una quindianidad de los oficios, representada en estas manualidades. Pero también en el apoyo a los valores literarios y artísticos. Tal cual ha ocurrido con el decrecimiento del sector artesanal en Circasia, irónicamente, también se subvalora la vida y obra de sus artistas y escritores. Menciono solo tres de ellos, ya fallecidos. El escultor y pintor Antonio Valencia Mejía. El sonetista Noel Estrada Roldán. El artista popular Cipriano Echeverri.

Pijao

“Ciudad sin prisa” es el título de un modelo de turismo sustentable y amable. El único que ha sido concertado y gestado por sus habitantes, de acuerdo a unas condiciones especiales. Y es también lo que reconoce a este municipio como ejemplo de la región cafetera de Colombia, que quiere mostrarse como una forma de divulgar el sentido patrimonial del PCC.

Algo muy singular en el poblado “donde llegan las garzas”( su perífrasis) es su arquitectura tradicional, que admirablemente se conserva, con sus detalles externos e internos de los espacios familiares. Pero también con el conjunto de costumbres de la vida de sus ciudadanos. Esto se manifiesta en aspectos puntuales de los bares de la plaza o en las maneras de mostrar el espíritu artístico a través de murales y algunos monumentos del espacio público.

Armenia

El PCC se reconoce en la capital del Quindío a partir de varios elementos.

Son ellos su arquitectura contemporánea, los espacios museales y culturales, los monumentos del espacio público, la vitalidad cafetera de algunas veredas donde se cultiva el grano, la Calle de Cielos Abiertos y sus manifestaciones artísticas.

Pero también está lo arqueológico. Un sitio lo demuestra. Es además el único recuperado y conservado por los ciudadanos. Y eso es suficiente, aunque lamentablemente fue la capital del Quindío donde más saqueos de yacimientos antiguos se dieron después del terremoto de 1999. El yacimiento recuperado es un modelo de gestión por el salvamento del patrimonio, digna de admirar y modelo para mostrar. Se encuentra en el sector del barrio Montevideo Central. Una familia se convirtió en custodio de varias estructuras líticas o “tumbas de cancel”, encontradas en una remoción de tierras después del desastre telúrico. Y eso constituye un aspecto potencial que sitúa a la “Ciudad Milagro” en el plano de cuidado de lo que todos debemos conservar para las futuras generaciones.

Córdoba

La guadua, el bambú y otros aspectos del patrimonio natural se ponen en valor para que este municipio cordillerano se muestre como parte del PCC de Colombia. Algunos personajes han logrado ese nivel de pertenencia a su terruño, que también representa ante el mundo su singularidad identitaria.

Son ellos don Jair Londoño, con sus obras artísticas en bambú y los miembros de la familia Sabogal - especialmente don Delio - con la perseverancia de la vida campesina en su vivienda urbana. Curiosamente son dos espacios ( la galería Flor de Café y la casa humilde de los Sabogal) que no se difunden en un recorrido patrimonial. Esto hace especial a Córdoba, como quiera  se destacan costumbres y el factor humano dentro de la salvaguarda que debe tenerse en cuenta para la permanencia de una parafernalia y un conjunto de objetos de la vida rural y sencilla.


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